Por Cristina Casabón 

Tres grandes paradojas conforman la política europea de Francia en la actualidad. La primera surge de las preferencias políticas de los franceses. La segunda se deriva de su Constitución. La tercera se deriva de la percepción de la élite francesa sobre la naturaleza del propio país. Juntos, hacen de Francia una lectura difícil para sus conciudadanos europeos, pero Thomas Klau, en el último informe de “Reinventando Europa” nos ayuda a descifrarla a través de su pasado y su actualidad.

  • La primera paradoja es que los franceses tienen preferencias políticas singulares. La mayoría muestra un énfasis mucho mayor en la justicia social que otros de sus vecinos (en la encuesta de Eurobarómetro más reciente, Francia ocupa el segundo lugar entre los ciudadanos de la UE que ponen énfasis en la justicia social). Del mismo modo, el fracaso de todos los intentos de lanzar un partido liberal en Francia pone de manifiesto que los franceses prefieren un Estado fuerte.
  • Una segunda paradoja francesa se deriva de la Constitución y, más concretamente, de las numerosas facultades escritas y no escritas que se le otorgan al presidente de la República. Sin embargo, este poder ejecutivo sorprendente desaparecería tan pronto como el presidente francés llamase a un referéndum – un movimiento que François Hollande, el dirigente socialista elegido en 2012, se vería obligado a emprender el momento en que se comprometiera a una reforma importante del tratado europeo, pues este es el procedimiento estipulado para debatir los asuntos relacionados con la UE. Para un presidente francés, perder un referéndum sobre Europa sería un desastre y sus posibilidades de reelección (en caso de encontrarse en su primer mandato) se verían gravemente comprometidas.
  • Los franceses, el presidente, y el país: de estas tres grandes paradojas la tercera es fundamental. La élite francesa, cuyo pensamiento ha sido moldeado por una formación rigurosa en las ‘Grandes Écoles’, ha estudiado la génesis lenta de Francia a través de la expansión militar y la preservación de la República mediante de la homogeneización del país, y creen que un Estado fuerte anclado en París es necesario para mantener la Francia “une et indivisible“, que proclamó la primera Constitución de 1791. Mientras que Alemania, un Estado mucho más reciente, con antecedentes de inestabilidad devastadores, no tiene miedo existencial de compartir la soberanía con Bruselas, en la elite francesa hay un recelo hacia el federalismo europeo.

La comprensión de estas tres grandes paradojas debería ser la primera tarea para los europeos interesados ​​en incluir a los franceses en el debate sobre la reforma de la UE. La segunda consiste en una evaluación realista del complejo y fracturado actual panorama político francés. Una vez más, tres hechos principales son destacables:

  • En primer lugar, el eurófobo Front National (FN) es ahora una fuerza bien arraigada, y su líder, Marine Le Pen, es un atractivo para muchos ciudadanos empobrecidos o desafectos. El FN también se beneficia de una amarga lucha interna que ha envuelto a la corriente del principal partido conservador, Union pour un Mouvement Populaire (UMP).
  • En segundo lugar, la desorganización de la derecha tradicional ha exacerbado una situación política en la que François Hollande y su liderado gobierno de coalición socialista se enfrentan a una oposición mucho más insidiosa y potencialmente desestabilizadora de la extrema izquierda del espectro político.
  • En tercer lugar, la negativa de un cierto número de diputados socialistas a votar por el Pacto Fiscal en octubre de 2012, a pesar de la presión gubernamental, es una muestra significativa del grado en el que Europa sigue siendo un tema divisivo para el Partido Socialista. Además, Hollande está convencido de que ninguna reforma acordada en Europa sobreviviría a un voto popular en Francia mientras la crisis de la eurozona y el desempleo siga en aumento. Con un referéndum potencialmente desastroso para Europa y él mismo, el Presidente ha pospuesto indefinidamente cualquier reforma de la UE.

Hollande aboga por un camino de “integración solidaria”, y defiende un proceso gradual de una mayor integración política, económica y social en el que las nuevas formas de solidaridad supranacional (como eurobonos) están en primer lugar. Los detalles siguen siendo confusos, pero está claro que en términos de método, los gradualistas “integración solidaria” chocan frontalmente con el consenso alemán según el cual una importante reforma institucional debe ser el primer paso para crear futuros instrumentos de la nueva unión política. Hollande aún no ha revelado su propia visión de la posible forma futura del continente y por ello ha sido objeto de críticas. Pero su biografía política habla sobre el hecho de que Hollande, cuyo pensamiento ha sido formado por Jacques Delors y François Mitterrand y cuyo modelo a seguir en el ejercicio europeo es Helmut Kohl, buscará la orientación del ideal europeo de Jean Monnet y no la visión de Charles de Gaulle.

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Acerca de El Blog de ECFR Madrid

Oficina en Madrid del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR en sus siglas en inglés), el primer think tank paneuropeo.

Un comentario »

  1. […] The New Political Geography of Europe publicado por ECFR, Francia se enfrenta a una triple paradoja en su actual política europea: las preferencias de los votantes franceses por un tipo concreto de […]

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