cumbres2Por Elena Ortiz de Solórzano

El 26 de noviembre arrancó en Doha, Qatar, la decimoctava cumbre del clima de las Naciones Unidas (UNFCC), con pocas expectativas de éxito tras los tropiezos de las cumbres pasadas y el estancamiento de las negociaciones. El objetivo de esta cumbre es alcanzar un acuerdo para prorrogar el Protocolo de Kyoto (PK) de 1997, que expira a finales de año. Sin embargo, tras echar un vistazo a las posiciones de los principales actores, parece inevitable que las negociaciones sean cuanto menos una carrera de obstáculos, y hasta un “teatro del absurdo.”

EE.UU. y China comparten  a la vez el dudoso honor de ser el principal obstáculo para aprobar una prórroga del Protocolo de Kyoto, e igualmente son los que tienen la llave para reconducir las negociaciones. La primera potencia mundial, EE.UU., ni siquiera ratificó el PK en su día. En la actualidad, pese a que Obama declaró en su discurso de reelección que el cambio climático formaba parte de su programa para el segundo mandato, el desembarco de Estados Unidos ha sido acogido con recelo. Entre los ecologistas hay quienes afirman que para los países comprometidos con el cambio climático, Estados Unidos supone un estorbo.

China, por su parte, se resiste a asumir la responsabilidad que le corresponde como primer generador de gases de efecto invernadero -con una cuota del 29% del total mundial-, y como segunda economía del planeta: muy al contrario, sigue exigiendo que se mantengan las diferencias de tratamiento entre países desarrollados y en vías de desarrollo.

Como ya es habitual y hasta marca de la casa, los 27 miembros de la Unión Europea llegan divididos a Doha. Aunque la mayoría de los países se inclina a favor de firmar una prórroga del Protocolo, los países del este, con Polonia a la cabeza, se resisten a perder sus derechos de emisión sobrantes, que en la actualidad venden a otros países como España para que estos puedan cumplir con la reducción de emisiones acordada.

Incluso aunque la mayoría de los miembros de la UE sean partidarios de prorrogar el PK, junto con Australia y otros países, entre todos apenas llegan al 15% de las emisiones totales, por lo que su influencia en las negociaciones será necesariamente limitada. Por otro lado, ni siquiera en este grupo hay consenso: los países desarrollados se inclinan por una prórroga del Protocolo de ocho  años, mientras que los países en desarrollo prefieren que ésta dure cinco años.

El acuerdo de mínimos alcanzado en Durban en 2011, por el cual se suscribió firmar un pacto en 2015 que entre en vigor en 2020 (y con el que algunos países parecen conformarse en esta cumbre), no es suficiente: a partir del 1 de enero de 2013, y salvo una solución de último minuto,  la lucha contra el cambio climático carecerá de un tratado internacional hasta 2020.

Acerca de El Blog de ECFR Madrid

Oficina en Madrid del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR en sus siglas en inglés), el primer think tank paneuropeo.

Un comentario »

  1. gold account dice:

    “Es vergonzoso que un país que tenía un récord tan bueno en otras áreas de desarrollo le de la espalda a millones de personas pobres en los países en desarrollo”, dijo a BBC Mundo Time Gore, experto en cambio climático de Oxfam.

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