Por Hugo Cuello

La revista Política Exterior ha cumplido con su último número 25 años de publicación y lo celebra haciendo un especial sobre la Unión Europa, titulado “Europa es nuestra vida: paz, ley, libertad, prosperidad. Cómo salvar la UE” donde han escrito expertos y políticos como Erdogan, primer ministro de Turquía, o Viviane Reding, vicepresidenta de la Comisión Europea. Pero nosotros resaltamos tres artículos que nos han parecido especialmente interesantes: En primer lugar el de nuestro Director de la oficina de ECFR Madrid, José Ignacio Torreblanca, el de José Enrique de Ayala, antiguo jefe del Estado Mayor del Eurocuerpo, y el de Jürgen Habermas, el famoso filosofo y sociólogo alemán.  Los tres dan una perspectiva diferente pero complementaria sobre cómo salvar la UE desde la base de la unión política.

José Ignacio Torreblanca, en su estudio “Una unión (a)política”, señala lo difícil que hubiera sido imaginarse, tras el descalabro del Tratado Constitucional, que la unión política volviera a estar encima de la mesa tan pronto. Por un lado, tenemos al Presidente de la Comisión hablando en el Parlamento Europeo de “federación de Estados-Nación”, a Van Rompuy en un intento de “federalismo encubierto” con el documento presentado en junio, y a los 11 Ministros de Exteriores  capitaneados por el ministro alemán que tratan de convertir Europa en una entidad relevante hacia fuera y hacia dentro. Materializar estas propuestas supondría un paso enorme en la integración europea. Además, Torreblanca expone como desde hace un par de años se encuentra una lista de medidas, como el Semestre Europeo (2010) o el Tratado Fiscal (2012), que en última instancia implican una inmensa transferencia de poder hacia las instituciones europeas. Demostrando que pese a las constantes críticas a la falta de liderazgo, los líderes e instituciones han demostrado que cuando hay voluntad política, los tratados no impiden la acción sino que ofrecen múltiples posibilidades.

Sin embargo, señala el autor que pese a la profundidad y alcance de estas medidas, la crisis se ha agravado, y ha hecho necesario mirar más allá. De ahí que las medidas señaladas de una forma disimulada en el documento Van Rompuy, a saber una unión bancaria, unión fiscal y un gobierno económico europeo muestren que algo que “imprime moneda, emite deuda, elabora presupuestos, fija impuestos e impone sanciones no solo es una unión económica, sino una unión política” De ahí que el propio Van Rompuy entienda que debe fortalecer las instituciones de una responsabilidad y legitimidad democrática, aunque si ya fue difícil llevarlo a cabo en la Constitución Europea, nada señala que ahora no se encuentren con las mismas dificultades.

La Unión, que carece de colchón identitario sólo puede legitimarse vía resultados o procedimientos, y en ambos casos, la UE está debilitada ya que las medidas han llegado tarde, han sido insuficientes o incluso contraproducentes, como ocurre con las políticas de austeridad. De ahí que sea clave que el debate sobre unión política no se centre únicamente en procedimientos. Los ciudadanos eligen gobiernos para cambiar de políticas, y si bajo el pretexto de una mayor eficacia se constriñen sus capacidades, en lugar de “democratizar la tecnocracia europea, la tecnocracia europea ha logrado colonizar exitosamente las democracias nacionales”. De ahí que no solo sea importante ver quién elije a quién, sino qué poderes tendrán los elegidos, y qué poderes tendrán los electores para no convertir a la UE en una unión apolítica, donde las medidas estén predeterminadas de antemano y la acción se centre en cumplir reglas preestablecidas.

Por su parte, José Enrique de Ayala, en “La división entre norte y sur amenaza la cohesión de la UE” expone un análisis acertado sobre el juego que están llevando los Estados, más atentos a sus intereses nacionales que a los de la Unión, incluso incumpliendo acuerdos previamente establecidos, como la actuación de Alemania hacia el plan de crecimiento de Hollande, o la rebaja de expectativas de Holanda y Finlandia sobre la supervisión bancaria.

Este encontronazo de intereses nos hace ver, paradójicamente y como señala el autor, que el mismo gobierno alemán que promueve la iniciativa de los Ministros de Exteriores es el que se alinea con el gobierno británico para congelar el presupuesto europeo. Pero si realmente se quiere explorar la vía hacia la federación, apenas el 1% del PIB europeo no sirve y se debería multiplicar por 10 o por 20, independizándolo de aportaciones directas de los gobiernos, como ocurre en el presupuesto federal estadounidense que representa algo más del 25%. Porque si el presupuesto europeo sigue siendo irrelevante en términos cuantitativos, en la práctica todo el poder continua residiendo en los Estados. Y al no tener esa función estabilizadora que jugaría en un sistema federal, las tensiones entre países que tienden a buscar sus intereses seguirán haciendo sacrificios en la medida en que reviertan de alguna forma sobre ellos, aumentando los problemas de cohesión y contando con una Comisión que no es neutral, sino que sirve de instrumento para controlar unos Estados sobre otros.

Finalmente, Jürgen Habermas, en “Hoy, más que nunca, Europa es un proyecto constitucional” trata de desarrollar una narrativa nueva y convincente, desde la perspectiva de la constitucionalización del Derecho internacional. Señala que se sigue cometiendo el antiguo error de acordar medidas en un círculo de jefes de gobierno sin implicar compromisos jurídicos, que quedan sin efecto o resultan antidemocráticos y deben ser sustituidos por una institucionalización de las decisiones. Pero a la hora de dar una legitimación democrática tampoco hay que caer en el “federalismo ejecutivo” de una elección directa de un presidente de la UE que no haría más que tapar el poder que se darían a si mismos los jefes de gobierno, y que muestra la timidez de las elites políticas en publicitar un proyecto que hasta ahora ha sido gestionado a puerta cerrada. Pero es capital que los políticos pongan encima de la mesa las cartas europeas e informen con claridad sobre la relación de costes a corto plazo sobre los beneficios verdaderos, es decir, sobre el significado histórico del proyecto europeo.

Acerca de El Blog de ECFR Madrid

Oficina en Madrid del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR en sus siglas en inglés), el primer think tank paneuropeo.

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