Los líderes de la UE se reúnen en Bruselas para discutir el presupuesto de la Unión para los próximos siete años. Expertos de ECFR de Sofia, Copenague, Paris, Berlín, Roma, Madrid, y Londres opinan sobre esta cumbre crucial dentro de nuestra colección “Perspectiva desde las Capitales”. ¿Qué opinan nuestros expertos de las posiciones de los respectivos gobiernos sobre esta cumbre, y cuál es la principal preocupación de dichos gobiernos?

La perspectiva desde Bulgaria – Dimitar Bechev

Bulgaria, como miembro más pobre de la Unión Europea, es un gran beneficiario de la Política de Cohesión de la UE. En 2011, por ejemplo, las transferencias recibidas de Bruselas supusieron un crecimiento del PIB de 1,5% (sobre un total de 1,7%). El 95% de la inversión pública depende de los fondos de la Unión. Sin este dinero la economía búlgara sufriría un estancamiento aún mayor. El interés principal de Bulgaria es evitar los recortes ligados a un menor presupuesto de la UE para los años 2013-2020.  Según Capital Weekly, los oficiales búlgaros esperan un ligero incremento del 3% de los fondos a los que tendrán derecho. Bulgaria está en contra del tope de 2.4% del PIB, ya que argumenta que se traduce en 140 € per capita, lo que equivale a ser dos veces y medio más pobre que Eslovaquia o Estonia.

Un triunfo supondría que los fondos de cohesión destinados a Europa Central y del Este en su conjunto no sean el precio a pagar para contentar a Reino Unido a la vez que dejar la política agrícola común o PAC intacta (la prioridad principal de Francia). Bulgaria – al igual que otros países como la vecina Grecia- pertenece al grupo informal de “amigos de las políticas de cohesión”. En segundo lugar, Sofía defiende la discriminación positiva en el gasto de cohesión, para que los países pobres se beneficien en mayor medida que los países más prósperos.

La perspectiva desde Dinamarca- Jonas Parello-Plesner

Dinamarca forma parte, como Alemania, del grupo que defiende el “gasto eficiente”, y quiere un incremento muy moderado del presupuesto (en vez de la congelación o recorte por el que aboga su aliado dentro de la Unión, el Reino Unido).  A Dinamarca le gustaría ver más fondos destinados a ciencia e investigación para salvaguardar el puesto de la Unión en la competencia a nivel global, ya que esta cartera corre el riesgo de sufrir algún recorte en favor de un mantenimiento de los fondos de agricultura y cohesión.  Por último, Dinamarca quiere un descuento en el “cheque británico” y está dispuesto a usar el veto nacional para conseguirlo. “Vamos a conseguir nuestro cheque, y si no, tendremos que usar el veto. Es muy, muy sencillo”, dijo el primer ministro danés Helle Thorning-Schmidt, quien ya ha incluido los 150 mil millones de euros esperados en los presupuestos austeros para los próximos años. Un fracaso en la obtención del cheque haría daño al gobierno y le haría parecer frágil ante los ojos de los votantes daneses. Técnicamente los daneses quieren un descuento sobre el cheque británico similar al que ya tienen Alemania, Holanda, Finlandia y Austria, por el cual Dinamarca no tendría que compensar a los contribuyentes británicos.

Aparte de no obtener el cheque esperado, un presupuesto de la EU fundamentalmente volcado en fondos de agricultura y de cohesión sin destinar fondos suficientes a la investigación y la ciencia (los supuestos pilares de una innovadora economía del conocimiento), también supondría una pérdida para Dinamarca y para el tipo de Unión Europea que defiende.

La perspectiva desde Francia- Thomas Klau

Francia está preparada para llegar a un consenso sobre recortes en el presupuesto pero tiene sus límites, fundamentalmente en lo concerniente a la Política Agrícola Común como de costumbre. Por lo tanto, se opondrá al plan de Herman Van Rompuy que incluye recortes significativos para la PAC y para el Fondo de Cohesión.  El primer ministro Jean-Marc Ayrault dijo que “No cabe la posibilidad de que retiremos ni 1 € de la PAC”. Francia también defiende los fondos estructurales, el Fondo Europeo de Globalización y el programa de ayuda alimentaria de la EU, y está en contra de un recorte importante en los fondos de cohesión (al igual que Polonia). Bernard Cazeneuve, ministro de asuntos europeos, dijo que los descuentos deberían por lo menos ser discutidos, y que la capacidad de reducir el déficit francés se vería afectada por los recortes en la PAC y en otros presupuestos de la UE. Asimismo, se negó a considerar la posibilidad de un “presupuesto alternativo”  sin Reino Unido.

Un triunfo supondría alcanzar un equilibrio con unos recortes que no afectaran a los fondos de la PAC y que a su vez limitaran los recortes en el fondo de cohesión. El acuerdo tendría que incluir a Reino Unido y a Alemania, ya que François Hollande ha dejado muy claro que para que un acuerdo tenga éxito, debe necesariamente incluir fondos para el crecimiento económico y programas de creación de empleo. La adopción sin enmiendas del plan de Herman Van Rompuy o un recorte en la PAC o en los fondos de cohesión supondrían un claro fracaso para Francia. Sin embargo, el mantenimiento de los descuentos para Reino Unido, Suecia, Alemania y Holanda, si no llevara aparejado la realización de importantes recortes en la PAC, los fondos estructurales o el fondo de cohesión, no sería un verdadero fracaso para Francia ya que Hollande, presionado para defender medidas que según los franceses apoyan el crecimiento, puede usar los descuentos  como moneda de cambio.

También sería un fracaso para Francia si Reino Unido no suaviza sus peticiones de hacer profundos recortes en el presupuesto y decide usar su veto.

La perspectiva desde Alemania– Ulrike Guérot

El lema alemán es “gasto eficiente”. Esto significa abandonar “viejas políticas” de dedicar los fondos de cohesión a nuevas políticas que necesiten una inversión (redes de energía para energía sostenible, banda ancha en zonas rurales, protección del clima etc…). Esto serviría para adaptar el presupuesto a objetivos del “Horizonte 2020” tales como la promoción de una sociedad del conocimiento, la innovación y la investigación. Alemania reconoce que esto requiere una lucha contra mucha inercia política  (por ejemplo, sobre los fondos de cohesión).

En su calidad de país que más contribuye al presupuesto (la aportación alemana supone alrededor del 20% de la totalidad del presupuesto de aproximadamente 1 billón de euros, pagando 42.000 millones más de lo que recibe de la UE), Alemania tiene las cosas muy claras sobre el gasto de la UE – el principio no debería limitarse a una “retribución justa” sino que debería tener en cuenta el ajuste de los presupuestos nacionales, finanzas sólidas y la aplicación de la regla dorada o “Golden Rule” (como prevé el Pacto Fiscal).

Berlín apuesta por un tope del 1% del PIB de la totalidad de la UE para el presupuesto, y la conexión entre el marco financiero y presupuestario de la UE con políticas de coordinación financiera, tal y como dispone el Pacto de Estabilidad y Crecimiento y las consideraciones del “Semestre europeo”. Alemania también considera que los recursos de la UE son suficientes y está en contra de un nuevo impuesto comunitario que propuso el Parlamento Europeo. Además, estaría a favor de eliminar el mecanismo del IVA para simplificar el sistema europeo de recursos propios.

En cuanto a los fondos de cohesión (que suponen un total de 348.000 millones de euros, o un 36% del gasto de la UE), Alemania está a favor de gastar más en las zonas más pobres de la Unión (un 80% del total, frente a un 20% para promover la competitividad en las zonas más prósperas), y que parte de esos fondos beneficien al este del país.  Sin embargo, existe una fuerte resistencia contra el gasto general comunitario en partidos políticos alemanes, especialmente en el seno de la coalición de Merkel. El viejo argumento de “Alemania como estado pagadero” está ganando terreno nuevamente entre la opinión pública.

La política agrícola (que supone 366.000 millones de euros o un 42% del presupuesto) no supone un gran problema, aunque si fuera posible, Alemania estaría de acuerdo en aumentar los recortes en la PAC para poder destinar más fondos a políticas relacionadas con el clima, la energía y la competitividad. En conjunto, Alemania coincide con Reino Unido en limitar el presupuesto comunitario a un 1% del PIB global de la Unión, aunque en términos de políticas esta alianza es problemática (a pesar de las diferencias existentes con Francia sobre la PAC y con Polonia, que es el mayor beneficiario neto del presupuesto y espera recibir 50.000 millones de euros del presupuesto).

Berlín espera mantener las negociaciones presupuestarias lo más alejadas posibles del ojo público, ya que la opinión pública ya está preocupada por el hecho de que Alemania esté pagando por toda la UE. Mantener el status quo intacto (en definitiva, que no aumente la contribución alemana) es el mayor objetivo estratégico en estas negociaciones. Alemania no va a pelearse por grandes cambios en el presupuesto.

La perspectiva desde Italia– Silvia Francescon

Italia considera que sus propuestas para el presupuesto promueven el crecimiento, la innovación, la inversión y el empleo. Roma quiere que el presupuesto comunitario se centre en la competitividad económica de la UE y en conseguir alcanzar los objetivos de la estrategia Europa 2020. En palabras del primer ministro Mario Monti: “miramos hacia el futuro, no a la preservación del pasado”. Un objetivo será encontrar un equilibrio entre los países miembros sobre los fondos estructurales y de cohesión.

Para Italia, la cumbre sería un éxito si la propuesta de Van Rompuy de recortar unos 80.000 millones de euros fuera enmendada ya que considera que estos recortes son desproporcionados y suponen un retroceso en la propuesta presentada por la presidencia chipriota la UE. También quiere mantener la financiación para la investigación y el desarrollo, y reducir el cheque británico.

Italia considera que una reducción en los fondos de cohesión, así como la propuesta de Van Rompuy de reducir en los países del sur de 185 a 145 € per capita, serían un fracaso que iría en detrimento del crecimiento de toda la Unión Europea.

La perspectiva desde España– José Ignacio Torreblanca

España busca minimizar el impacto de un presupuesto que será inevitablemente doloroso. En el pasado, España se benefició tanto de los fondos agrícolas como estructurales (en su calidad de país por debajo de la media europea en términos de riqueza). Ahora es un país de la media europea, lo que supone que no habrá tantos fondos para las regiones y granjeros. Por lo tanto, pese a la crisis, España pasará a ser un contribuyente neto del presupuesto comunitario. Cuanto más consigan Reino Unido y otros sus propósitos y mayor sea la reducción del presupuesto, peor para España: se arriesga a perder unos 20.000 millones de euros en los próximos siete años, concentrados en regiones azotadas por la crisis como Andalucía, Galicia y Castilla La Mancha.

Los aspectos formales son importantes. Aunque el gobierno no espere un triunfo, no quiere ser visto como un perdedor. Existe una impresión ampliamente aceptada de que Rajoy es muy complaciente y sumiso con la UE en muchos asuntos, por lo que una noticia sobre el fracaso de España sería un mal trago político. Eso explica porqué ha buscado minimizar las pérdidas derivadas de la propuesta presupuestaria argumentando que los altos rendimientos de la deuda soberana española son mucho más costosos que cualquier beneficio que pueda recibir del presupuesto comunitario (una verdad a medias).

En palabras de Méndez de Vigo, España prefiere “no alcanzar un acuerdo antes que un mal acuerdo”, pero esto parece más una apuesta estratégica que una amenaza de usar el veto. Ni este gobierno ni el anterior han dedicado mucha energía política al tema del presupuesto, probablemente a sabiendas de que convertirse en un contribuyente neto era un evento inevitable y por lo tanto mejor concentrar sus fuerzas en control de daños. España está del lado de los “Amigos de la Cohesión”, pero el peso de la batalla está repartido entre Francia y Polonia, con el apoyo de España pero sin su liderazgo.

Al fin y al cabo, las cifras que se pongan en la mesa no harán mucha diferencia en comparación con las tirantes medidas de austeridad impuestas por Bruselas, como por ejemplo, el presupuesto no incluye un programa de estimulación y crecimiento del empleo que pudiera realmente ayudar a sacar a España de la crisis. Más allá de eso, España pretende aumentar la tasa de co-financiación de fondos europeos, alegando que las autoridades regionales no pueden aportar el dinero restante debido a los recortes. España también quiere eliminar (con la ayuda de otros países) lo que ha sido denominado como “doble castigo”, que emana de la propuesta de Van Rompuy, que contempla la congelación de ayudas regionales a países con déficits excesivos que no se atengan a las recomendaciones comunitarias.

La adopción del plan de Herman Van Rompuy (por no hablar de los recortes propuestos por Reino Unido) serían malas noticias para Madrid. España perdería más de un tercio de las ayudas regionales y un 17% de la contribución para la agricultura. Por mucho que esto sea una pérdida insoportable y que la reacción más natural sea de rebelarse contra dichas medidas, es un ejemplo perfecto del dilema al que se enfrenta España, ya que dicha rebelión supondría un enfrentamiento contra los países que necesita para los rescates y otros asuntos primordiales para el país y para la supervivencia del gobierno.

La perspectiva desde el Reino Unido – Mark Leonard

Reino Unido debería haber iniciado estas negociaciones como parte de un lobby poderoso que promoviera la existencia de un gasto eficiente y prudente. Los objetivos enunciados son muy similares a los manifestados por países como Alemania, Holanda, Suecia, Dinamarca y otros contribuyentes netos. Existía el riesgo de ahuyentar a los aliados naturales de los nuevos países miembros pero Londres por lo menos debería haber hallado algo de ventaja en el hecho de que la unión hace la fuerza – ya que todos los países miembros tienen tendencia a buscar deliberadamente sus intereses en las negociaciones presupuestarias.

En cambio, el gobierno ha conseguido llegar a las negociaciones aislado, y parece determinado a malgastar el valioso capital político que necesita para negociaciones mucho más importantes como las de la unión bancaria. David Cameron no se ha dejado mucho margen de maniobra en la cumbre al haberse comprometido sólo a un congelación real en el tamaño del presupuesto. Los más optimistas esperan que quepa algo de flexibilidad en la definición de lo que constituye una congelación. Parece ser que el gobierno publica una cifra concreta en un documento: un presupuesto de 887.000 millones de euros.

Las principales preocupaciones de David Cameron ante la cumbre son, en orden de importancia: el comportamiento de sus propios diputados, la posición del Partido Laborista, y la cobertura que la prensa haga de la cumbre. El momento previo a la cumbre presupuestaria comprendió un fracaso de su promesa de congelar el presupuesto, en un voto parlamentario que fue favorable a un recorte del presupuesto y que supuso la alineación del Partido Laborista con los rebeldes del partido. En consecuencia, no está seguro de contar con el apoyo del Partido Laborista en un voto en la Cámara de los Comunes.

Un éxito, desde la perspectiva del gobierno, sería un acuerdo que pudiera garantizar alcanzar una mayoría en la Cámara de los Comunes. Lo que no está claro, tras el voto de la semana pasada, es qué será necesario para alcanzar semejante acuerdo pero parece probable que tendría que ser algo que pudiera presentarse como un verdadero recorte, además de un recorte en los gastos de la Comisión Europea.

El fracaso puede adoptar diversas formas. Si no se alcanzara ningún acuerdo, se prolongará sin más la agonía de David Cameron. Pero mucho peor sería un acuerdo a 26 – un ‘gentleman’s agreement’ en forma de un marco plurianual combinado con acuerdos anuales. Esto significaría que el Reino Unido es tratado como si ya hubiera desertado la Unión Europea – una especie de tributación sin representación.

Si los demás contribuyentes netos perdieran sus descuentos, este tipo de acuerdo aumentaría el resentimiento contra el Reino Unido entre sus aliados naturales. Sería un resultado mucho más grave que el fiasco de diciembre, pero igualmente autoimpuesto.

Acerca de El Blog de ECFR Madrid

Oficina en Madrid del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR en sus siglas en inglés), el primer think tank paneuropeo.

Un comentario »

  1. […] en los Estados. Y al no tener esa función estabilizadora que jugaría en un sistema federal, las tensiones entre países que tienden a buscar sus intereses seguirán haciendo sacrificios en la medida en que reviertan de […]

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