Por Hélène Michou

25 millones de dólares, y sin posibilidad de devolución o reembolso. Este es el precio del asiento que ha ganado Australia el pasado 19 de octubre en Nueva York. Además de otros billones en ayuda a cooperación prometidos durante la campaña de los últimos cuatro años, para garantizar el apoyo de naciones varias. Se trata de un asiento temporal de dos años en el Consejo de Seguridad de la Naciones Unidades (CSNU). Pero el problema en la ONU es que nada queda garantizado, si no fíjense en Finlandia, tan seguros de que esta vez iban a conseguir un asiento, que  su delegación diplomática llegó a la sala de la Asamblea General repartiendo ‘goody bags’ (llamarle otra cosa a esos bolsitos llenos de regalos sería aludir a sobornos). Y al final se quedo en tercer lugar, sin asiento, detrás de Australia y Luxemburgo.  Tras la reacción de felicidad de unos y  amargura de otros, permanecen cuestiones sobre la relevancia de la CSNU y su credibilidad frente a retos globales cada vez más complejos.

Los otros estados que resultaron electos con asiento temporal son Argentina, Ruanda y Corea del Sur (los primeros dos sin oposición ninguna, dado que contaban con el apoyo de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y la Unión Africana respectivamente). La distribución de asientos entre los miembros no-permanentes del CSNU funciona con un sistema de agrupamientos geográficos. Lo dicho, parece casi un anomalía que Australia se encuentre en el grupo de ‘estados europeos y otros’ ¿verdad? Quizás la justificación se encuentra en cuestiones de la Commonwealth, y de cultura e historia compartida entre Europa y esta isla lejana.

Según el Primer Ministro australiano, su país ha sido elegido al CSNU por ser ‘un buen ciudadano global’. Pero las voces cínicas entre bambalinas se preguntan si tendrán algo que ver las preferencias de los EEUU en todo eso. Es decir, Australia representa un aliado fiel en una zona cuyo valor estratégico está enfocado en el giro geopolítico estadounidense hacia el Pacífico, debido a su preocupación cada vez mayor en asuntos sino-asiáticos. Sus contribuciones a los presupuestos de la ONU alcanzan casi $50 millones (el décimo tercer país contribuyente), y tiene una larga trayectoria en la diplomacia preventiva, en el mantenimiento y consolidación de la paz y en el desarme. Además, dado que en 2014 Australia asumirá la presidencia del G20, y que su economía sigue creciendo (se adelanto a España hace poco para colocarse en el puesto de la duodécima economía del mundo) será un peso importante no sólo en la región, sino más bien en asuntos multilaterales a nivel global.

¿Por qué importan las inclinaciones de los cinco países permanentes y los diez no permanentes del CSNU? Porque mientras otros órganos de las Naciones Unidas hacen recomendaciones a los Gobiernos, el Consejo tiene la facultad para tomar decisiones que los Estados Miembros, conforme a la Carta, están obligados a cumplir. Y porque en los siguientes dos años las susodichas decisiones incluirán entre otros asuntos, el conflicto en Siria; la solicitud de ingreso a la ONU por parte de Palestina como estado miembro; la escalada de tensiones entre Irán y Israel; relaciones entre Corea del Norte y una China en transición; y la reforma del propio CSNU con vista a expansión y inclusión de otros miembros permanentes como Brasil, Japón o Indonesia.

En este contexto de hervidero mundial, $25m parecen pocos como garantía de presencia, voz y capacidad de influencia sobre las decisiones globales. Mucho menos que los $45 millones  gastados en el fracasado intento de ser el anfitrión de la Copa del Mundo en 2022. Y aún menos si tomamos la perspectiva relativista: con una población de 23 millones, la campaña llevada a cabo a lo largo de los últimos cuatro años representa apenas un dólar por ciudadano australiano. Ahora sólo nos queda ver como ejercerá Australia su nueva ‘influencia’ en un órgano internacional que todavía no ha conseguido quitarse las acusaciones de ser un mero tigre de papel.

About these ads

Acerca de El Blog de ECFR Madrid

Oficina en Madrid del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR en sus siglas en inglés), el primer think tank paneuropeo.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s