Por José I. Torreblanca para Cafe Steiner – Blog El País

Traigo a los lectores de Café Steiner una reflexión que publico hoy en una tribuna en el diario Financial Times (Europe must show Spain it is the solution) a propósito de la posibilidad de que España pida o no un rescate. En ella intento cambiar el acento del debate desde el “¿debe España pedir el rescate?” a “¿qué tipo de rescate debería pedir”? También señalo la paradoja que supone que un país tan sumamente europeísta como España esté siendo asfixiado por una Europa empeñada en aplicar una políticas de austeridad nominalistas que no funcionan. Este es el texto, con algunos añadidos que han sido eliminados de la versión inglesa por razones de espacio.

Para unos, señalo, los preparativos para la petición del rescate marcan el comienzo del fin de la crisis. Para otros, por el contrario, la solicitud de rescate desencadenaría un nuevo tipo de problemas. La cuestión no es, por tanto, si España debería pedir el rescate, sino qué tipo de rescate se le ofrecerá. El riesgo es que reciba un rescate tan torpe e incompetente como el aplicado en Grecia y Portugal, un rescate que ha desencadenado una espiral económica recesiva que llevado a una gran fractura social y política.

Con el desempleo en el 25%, la economía española se encamina hacia otro año de recesión. A pesar de los recortes presupuestarios y los aumentos de impuestos, pocos creen que se puedan cumplir los objetivos de déficit para 2012 o incluso para 2013. Mientras se esperan nuevos recortes en pensiones, educación, sanidad y desempleo, la pobreza está al alza entre los más vulnerables, los jóvenes cualificados toman el camino de la emigración, continúan los desahucios y las familias, que constituyen un pilar social, ven cómo sus recursos económicos se van agotando.

Los mercados financieros siguen cerrados para el gobierno, el crédito interbancario se ha secado y las Comunidades Autónomas están en quiebra. Sólo las exportaciones y las grande empresas multinacionales españoles ofrecen algo de esperanza, pero con el desempleo en Europa en su máximo histórico desde el lanzamiento del euro, la demanda exterior no parece que vaya a ser suficiente para sacar al país de la recesión.

España se encuentra sometida a una triple presión. Desde arriba, la UE insiste en nuevos recortes a pesar de la evidencia de que son precisamente estos recortes los que abortaron el incipiente crecimiento económico de 2010 y estén conduciendo ahora a una nueva recesión. Las instituciones europeas, y el gobierno alemán, alaban rutinariamente las reformas adoptadas por el Gobierno. Pero en ausencia de medidas para estimular el crecimiento, los ingresos fiscales siguen cayendo a la par que aumentan los gastos haciendo imposible que se cumplan los objetivos de déficit. España, que entró en esta crisis con un porcentaje de deuda sobre el PIB muy bajo (36% en 2007) y un superávit presupuestario (1.9% en 2007) se encuentra ahora con que, en el presupuesto de 2013, el pago de intereses de la deuda será la principal partida presupuestaria. Pero a pesar de la evidencia de que España está en un círculo vicioso, el mensaje de Bruselas es el mismo: sean pacientes y sigan cavando.

La presión también viene de abajo a la par que las tensiones y desigualdades sociales aumentan y los ciudadanos vierte su enfado sobre la clase política. El Partido Popular ha perdido 15 puntos en intención de voto, dilapidando el capital político acumulado en ocho años de oposición. Con los Socialistas sin estar todavía preparados para tomar el relevo o beneficiarse de este pérdida, las próximas elecciones dibujan un mapa de inestabilidad y fragmentación del voto a los grandes partidos. Como las protestas del 25-S han puesto de manifiesto, dentro del movimiento de los “indignados”, que el 15 de mayo de 2011 ocupó las plazas españoles para pedir una democracia más representativa, comienza a perderse la paciencia, dando paso a una posible radicalización de algunos de sus componentes.

A las presiones de abajo y de arriba, se une las laterales. Los catalanes, que llevan 22 meses siendo los conejillos de indias de las políticas de austeridad cuenta a prácticamente 850.000 parados. Cataluña, que no sólo es la segunda región más rica de España (en términos brutos, en renta per cápita es la cuarta) sino que dispone de una fuerte identidad nacional podría decidir separarse de España, un movimiento en el que seguramente serían acompañados tarde o temprano por los vascos.

Si España finalmente se rompiera, la responsabilidad sería exclusivamente de los españoles. Sin embargo, los historiadores del futuro tendrían muy difícil no referirse al papel que jugaron unas políticas equivocadas de austeridad a la hora de alimentar esos procesos de separación. Desde luego que sería una gran ironía que en un país que ha construido su identidad democrática contemporánea en torno a la idea de Europa, fuera Europa precisamente quien la situara al borde del precipicio.

Durante décadas, los españoles han vivido bajo la inspiración de la frase de Ortega y Gasset “España es el problema, Europa la solución”. Pero ahora las encuestas suponen un duro despertar al señalar que, con solo un 30% de los españoles teniendo una visión positiva de Europa y un 28% mostrando una visión negativa, España es el país europeo, después de Chipre, donde la imagen de la UE es peor. Los españoles no se rebelarán contra Europa, pero van a aprender bastante sobre los desengaños amorosos.

Definitivamente, necesitamos un rescate. Pero debe ser un rescate inteligente, uno que no esté obsesionado con cumplir objetivos nominales sino con proveer la estabilidad financiera que permite que las reformas estructurales funcionen, la economía florezca, las divisiones sociales remitan y la cohesión territorial funcione de manera que el país permanezca unido. ¿Podrá el ganador del Premio Nobel (la UE) estar a la altura y tomar decisiones así de sabias? Difícilmente.

Acerca de El Blog de ECFR Madrid

Oficina en Madrid del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR en sus siglas en inglés), el primer think tank paneuropeo.

Un comentario »

  1. Patricia Garcia-Duran (Universidad de Barcelona) dice:

    Bravo

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