Como parte del proyecto de ECFR Reinventing Europe, anunciamos la publicación de un informe sobre Bulgaria y la UE titulada “Reinventing Europe: Bulgaria and the anxieties of incomplete membership” escrita por Daniel Smilov, director de programas del Center for Liberal Strategies, con sede en Sofia. Dice el autor que la crisis financiera de Europa ha puesto de manifiesto la compleja situación de Bulgaria dentro de la UE. Siendo uno de los países más pobres de la UE, Bulgaria mira a la UE como una de las plataformas más seguras para mejorar su desarrollo económico. No obstante ello, también es consciente de que sus vínculos con Grecia y sus problemas de reputación con la eficiencia gubernamental y la corrupción pueden perjudicar su acceso a los beneficios de los que ya disfrutan otros estados miembros. Bulgaria se ha esforzado por demostrar la justificación de su ingreso a la UE, como lo demuestran sus medidas para lograr la disciplina fiscal, pero ello se ha entendido como una posición inducida por la ansiedad, sin el tiempo suficiente para absorber los beneficios de la adhesión a la UE, aquellos que se disfrutaban antes de los efectos de la crisis del euro.

Que Grecia haya sido el centro de la crisis del euro es un problema considerable para Bulgaria. Sus vínculos con el sector bancario griego son muy evidentes, por lo que existe una ansiedad considerable sobre las posibles consecuencias de un colapso financiero griego. El gobierno búlgaro afronta el difícil reto de convencer al resto de la UE de que, primero, Bulgaria no es Grecia aunque tenga similares características geográficas, culturales e históricas; segundo, la periferia europea puede crecer y cumplir con los compromisos europeos de solidaridad y redistribución; tercero, el modelo búlgaro es sostenible.

La estrategia del gobierno actual de centro-derecha (del partido político llamado Ciudadanos por el Desarrollo Europeo de Bulgaria – GERB) es demostrar que la economía búlgara es lo suficientemente fuerte como para sobrevivir a las medidas de austeridad impuestas por la UE, y que puede incluso superar a otros países en término de disciplina fiscal. El partido opositor – los socialistas BSP – no se opone a esta estrategia en principios, aunque desde 2011 haya desarrollado una postura más crítica. Tras las elecciones francesas y el triunfo de Hollande, parece evidente que el Partido Socialista de Bulgaria se acercará más a las posturas francesas que a las alemanas.

No cabe duda de que el panorama político búlgaro está condicionado por la posición de los dos principales países de la Eurozona: Alemania en el caso del GERB y Francia para el caso del BSP. Sin embargo, el principal interés de Bulgaria es mostrarse cooperativa y abierta al compromiso, y apoyar cualquier posición de la UE sobre la crisis. Posiblemente el  único punto crítico para Bulgaria sería la imposición de una política fiscal armonizadora en la UE. El gobierno del GERB está totalmente en contra de esta idea, mientras que los socialistas se muestran ambiguos al respecto.

Los expertos consideran que los búlgaros observarán con mucho interés las tendencias emergentes y apoyarán medidas que fortalezcan la eurozona. Mientras busquen y eviten cualquier salida negativa de Grecia, Bulgaria considera que sus esperanzas están totalmente ligadas a la supervivencia de una eurozona más fuerte.

¿Cuál es el estado del debate europeo en Bulgaria?

La mayoría de los búlgaros son pro-europeos, razón por la que los debates sobre la UE son prácticamente inexistentes. Incluso existe un partido nacionalista populista llamado Ataka que emergió como fuerza pro-europea en 2005. Por lo tanto, el apoyo a la causa europea en Bulgaria supera a muchos otros países de la UE. Y el peso de la historia explica mucho esta sensibilidad. La adhesión a la UE es la mayor excepción – junto con la liberación de los turcos otomanos en 1878 – a su larga tradición de ocupaciones a su territorio. La transición iniciada tras la caída del muro de Berlín en 1989 es percibida como el mayor logro histórico de la Bulgaria moderna, afianzando su status de nación europea desarrollada aunque conseguida con mucho esfuerzo.

Como viene sucediendo en otros países de la región, el auge del populismo en Bulgaria ha coincidido con el aumento de la constitucionalización de los procesos políticos, con imposiciones legales sobre las burocracias estatales elegidas democráticamente. Las medidas de condicionalidad impuestas por la UE están presentes en la reforma judicial y en la lucha contra la corrupción y el crimen organizado. El proceso de toma de decisiones económicas ha estado sujeto a imposiciones similares (por ejemplo la vinculación de la moneda nacional al euro o el criterio de Copenague). Tales fenómenos son fiel muestra de lo poco que confían los búlgaros en sus élites políticas elegidas democráticamente.

Los búlgaros creen en la UE

Éste es el sentir general. La UE es percibida como el mejor vehículo de monitoreo que puede ayudar a los búlgaros a controlar sus élites y exponer sus errores. La opinión pública de este país no ve a la UE como un peligro para su soberanía e identidad nacional. Al contrario, ha emergido una nueva variante de populismo que impone a los representantes búlgaros los límites a sus poderes, e incluso introduce algunos nuevos. Posiblemente, la falta de satisfacción o desconfianza hacia la UE puedan aparecer cuando esta situación de inferioridad compleja de Bulgaria a consecuencia de su adhesión incompleta se convierta en algo que hay que superar. La posibilidad de una Europa a dos velocidades será la principal preocupación para Bulgaria, por ello intentará plantear las diferencias con Grecia y apoyará las imposiciones y condiciones externas con tal de formar parte del núcleo duro de la UE.

Como dice un dicho popular: todos los imperios que han gobernado Bulgaria sufren una derrota aplastante. La esperanza reside en la longevidad, la UE será más bizantina y otomana que de la Unión Soviética.

La versión completa en inglés está disponible aquí.

Acerca de El Blog de ECFR Madrid

Oficina en Madrid del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR en sus siglas en inglés), el primer think tank paneuropeo.

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