China y Rusia impulsan su relación con Afganistán como observador de la OCS

Firma invitada: Richard Gowan

El riesgo de Guerra Civil en Siria es casi inminente. Los informes de matanzas se suceden cada día. Sin embargo Rusia y China están bloqueando una respuesta decisiva en las Naciones Unidas, tal y como han venido haciendo desde mediados de 2011. Moscú y Pekín insisten en que están consternados por los acontecimientos en Siria, pero sólo aceptan una solución diplomática -su justificación es evitar una guerra interminable como la de Libia-. Para los rusos, sobre todo, esto es una cuestión de prestigio; el régimen sirio es su último aliado en el mundo árabe y ellos no pueden permitirse esta pérdida de apoyo.

La decisión de Moscú es una oportunidad para demostrarle al mundo que sigue siendo importante. Sin embargo, los rusos han cometido un error fundamental: por mucho que lo intenten, no tienen el poder de evitar que su aliado, Bashar al Assad, caiga. La realidad es que a pesar de que Vladimir Putin puede detener la actuación de la ONU- y Rusia se ha negado a frenar el envío de armas al ejército de Siria – el Kremlin no puede controlar la lucha en el suelo sirio. En las últimas semanas, las fuerzas rebeldes han comenzado a anotar algunas victorias muy necesarias contra las fuerzas gubernamentales.

Si bien el ejército sirio y las milicias pro-gubernamentales han aumentado los ataques contra civiles, parece que no pueden ganar una victoria militar decisiva. Los rebeldes adquieren cada vez más armas de aliados como Arabia Saudita y Qatar, y se harán más fuertes. No están en posición de ganar grandes batallas todavía, pero se observa un número creciente de ataques de guerrilla que poco a poco minarán la voluntad del ejército para seguir luchando. Aunque este conflicto se prolongue durante meses, con el tiempo se terminará con la caída de Assad. Su reinado puede terminar violentamente, como el de Muammar Gadafi en Libia – un resultado que quieren evitar-, o Moscú y Pekín podrían decidir reducir sus pérdidas y, finalmente, presionar a Assad para que se retire. Se ha informado que los rusos le están preparando a Bashar al Assad una bonita casa en el exilio.

La tragedia es que Rusia podría haber llegado a un acuerdo similar el año pasado. El gobierno de Obama, que ha hecho del “reinicio” de las relaciones con Moscú una prioridad, entiende las cuestiones de prestigio que afectan a Rusia y ha preferido evitar la discusión en el seno de las Naciones Unidas y llegar a algún tipo de acuerdo en privado. Si las autoridades rusas hubiesen estado dispuestas a negociar un acuerdo, probablemente miles de vidas se habrían salvado. Por desgracia, Putin y sus asesores estaban demasiado preocupados por parecer débiles para actuar de forma racional.

Así que ahora Moscú se enfrenta a una situación doblemente mala. Su reputación se ha visto muy dañada debido a su decisión de apoyar a Assad, y en última instancia, van a sufrir la humillación de tener que dejarle caer. Incluso si los EE.UU. y las Naciones Unidas tratan de suavizar el golpe al dejar que Moscú intervenga en la formación del futuro de Siria, es difícil creer que cualquier gobierno post-Assad quiera la amistad de Rusia. Si los responsables políticos rusos deben preocuparse por el daño a su influencia, igualmente debe hacerlo China. China nunca tuvo importantes participaciones en Siria y en gran medida ha jugado un papel de apoyo a Rusia en la ONU, lo que la perjudica en sus relaciones con los países árabes del Golfo, que venden una gran cantidad de petróleo a Beijing.

En EE.UU., los críticos acusan a la administración de Obama de haber puesto demasiada confianza en Rusia y China en los últimos años. Sin embargo, hay un montón de buenas razones para mantener relaciones decentes con los dos. Moscú y Pekín tienen importantes funciones que desempeñar en la contención de Irán y en estabilizar a Afganistán después de 2014. A pesar de ello, Obama no tiene ilusiones sobre la toma de decisiones de Rusia y China, pues se sabe que están basadas en un cálculo exclusivo de sus propios y estrechos intereses.

El problema es que los rusos han hecho un mal cálculo sobre Siria, respaldando a un régimen que finalmente caerá. Cuando esto suceda, una gran parte del prestigio de Rusia caerá también. Para el Kremlin es hora volver atrás y pensar de nuevo.

Para acceder al artículo original en inglés, pulse aquí.

Este artículo fue publicado en New York Daily News

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Acerca de El Blog de ECFR Madrid

Oficina en Madrid del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR en sus siglas en inglés), el primer think tank paneuropeo.

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