Firma invitada: Hans Kundnani*

La última parada en mi tour del Scorecard ha sido en Madrid. Hemos mantenido un debate con miembros del gobierno y think tanks españoles, seguido de un acto público en la oficina de la Comisión Europea, que incluyó al ex Secretario General de la OTAN y ex Alto Representante para la Política Exterior  y de Seguridad Común, Javier Solana (miembro del Consejo de ECFR), al Director de CIDOB, Jordi Vaquer y al Director Adjunto de El País (también miembro del Consejo de ECFR), Lluís Bassets.

2011 no fue un gran año para la política exterior española. Al igual que Italia, España, inevitablemente, se centró sobre todo en la crisis del euro. José Ignacio Torreblanca, jefe de la oficina de Madrid de ECFR, escribió poco antes de las elecciones generales de noviembre pasado que “la grave situación económica” de España la había expulsado de su asiento en la mesa de liderazgo de Europa. El Socrecard 2012 identificó a España como “líder” en sólo tres componentes de la política exterior europea (aunque ese número podría haber sido mayor si hubiésemos incluido América Latina en el Scorecard) y como “remolón” en cinco componentes.

El más polémico de los cinco fue la reforma de las Naciones Unidas. La razón por la que se llama España “slacker” (que mis colegas españoles traducen como “remolón”) fue su oposición a la iniciativa denominada G4. En marzo pasado, cuatro países – Brasil, Alemania, India y Japón – pusieron en marcha una campaña para lograr un acuerdo sobre una reforma del Consejo de Seguridad que les otorgaría la condición de miembros permanentes. La mayoría de los países de la UE, entre ellos Francia y el Reino Unido, expresó algún grado de apoyo hacia Alemania y sus aliados. Pero una pequeña minoría, entre ellos Italia, Malta y España, se opusieron a la iniciativa. La campaña del G4 para obtener los necesarios 120 estados para una resolución de la Asamblea General en favor de la reforma falló en última instancia.

La paradoja, sin embargo, es que aunque España bloqueó el consenso europeo, lo hizo en el nombre de “más Europa”, puesto que quiere un asiento único europeo en el Consejo de Seguridad. Varios participantes en el evento del Scorecard se mostraron escépticos de que la reforma propuesta por el G4 hiciera al Consejo de Seguridad más eficaz o legítimo. Señalaron, con cierta justificación, que tanto Francia y Reino Unido, como Alemania, persiguen sus propios objetivos nacionales. Entonces, ¿es justo categorizar a Francia, Alemania y Reino Unido como “líderes”? Por el contrario, ¿como puede ser justo categorizar a Italia y España como “vagos” por buscar una solución más europea que la mayoría de los europeos?

Nosotros pensamos que aunque la idea de un asiento único europeo puede ser preferible, en principio, la resistencia de Francia y del Reino Unido a abandonar sus asientos lo convierte en un asunto que no “arranca”. En ese contexto, la idea de los “tres grandes” en representación de la UE en el Consejo de Seguridad puede ser la siguiente mejor alternativa. El problema, sin embargo, es cómo garantizar que realmente su presencia se utilice para perseguir el interés europeo en lugar de sus propios intereses nacionales. Como un miembro de un think tank español preguntó, ¿están tratando de hacer que Europa sea más fuerte o simplemente tratando de salirse con la suya?

*Hans Kundnani es Director Editorial de ECFR  

Trad. de Cristina Casabón

Acerca de El Blog de ECFR Madrid

Oficina en Madrid del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR en sus siglas en inglés), el primer think tank paneuropeo.

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