Por Cristina Casabón

Dealing with a post Bric Russia,  escrito por  los analistas del European Council on Foreign Relations Ben Judah, Jana Kobzova y Nicu Popescu, aparece como referencia a lo largo del análisis del Financial Times sobre Rusia titulado Mater of nostalgia escrito por John Lloyd y publicado el pasado 27 de enero

 Vladimir Putin, primer ministro durante los últimos cuatro años, quiere ser de nuevo presidente de Rusia durante dos mandatos más, hasta 2020, para llegar a la edad de 67 años con más de dos décadas de poder a sus espaldas (Podemos considerar que ahora mismo lleva 12 años en el poder, puesto que ha seguido siendo el hombre fuerte de Rusia desde su llegada a la presidencia en 1999). En este contexto de inmovilismo total se han levantado aires de cambio con las manifestaciones de las elecciones de diciembre. La iglesia ortodoxa rusa ha señalado que la base de este descontento es la corrupción y la represión del régimen.

No obstante, Putin sigue contando con apoyo gracias al dinero que surge de debajo de sus pies: el valor de las reservas de petróleo y gas bajo suelo ruso se ha quintuplicado desde su llegada al poder. En segundo lugar, Putin es un maestro de la nostalgia; sabe como nadie rememorar la gloria de la Rusia comunista que derribó al fascismo de Europa y enaltecer los valores de la nueva generación bolchevique que hicieron realidad una utopía. Sabe pintar de rosa el pasado y conectar con el nacionalismo ruso que ha sobrevivido a la era comunista. En tercer lugar, una vez llegado al poder, ha sabido rodearse de una red de compañías que heredó de su época en el KGB, que están muy capacitados y conocen bien como funcionan los entresijos del poder en Rusia. Éstos son leales y critican abiertamente que Occidente, especialmente EE.UU., se aprovechó de la debilidad de Rusia tras el colapso de la URSS. Además se sienten una civilización diferente de la occidental y piensan que la promoción de la democracia dentro y alrededor del país es un peligro. En Change or Decay, Lilia Shevtsova y Andrew Wood citan a Sergei Lavrov, ministro de exteriores ruso, quien dice que Europa ya tuvo su edad dorada, y Rusia ofrece ahora una alternativa. Por último, se ha ofrecido a los rusos lo que ellos dicen que quieren: una mano fuerte. David Satter, autor del libro It Was a Long Time Ago, and It Never Happened Anyway, cree que esto se debe a que los rusos tienen concepciones diferentes a las nuestras, muy patrióticas y en cierta medida, de subordinación del individuo al Estado.

No obstante, no es oro todo lo que reluce. En Dealing with a post Bric Russia, los analistas Ben Judá, Jana Kobzova y Nicu Popescu sostienen que Rusia ya no puede considerarse junto a Brasil, India y China como una economía de rápido crecimiento y citan al economista Nouriel Roubini, quien lo caracteriza como el “más enfermos de los Bric”. Los autores  difieren de las principales causas de malestar económico de Rusia. Judá, Kobzova y Popescu creen que es más debido a “la personalización del poder, y la fusión de la política y el poder que define la política rusa”. Satter tiende a situar el estancamiento subyacente en la  incapacidad de los líderes rusos, o de la sociedad rusa, para hacer frente a un pasado autocrático.

Putin ha sido muy eficaz en la proyección de la fuerza interna y externamente, pero no puede frenar algunas de las tendencias más profundas. Rusia está en las garras de una crisis demográfica: una población que ascendía a unos 150 millones tras el colapso de la Unión Soviética, en 2025, según informes de Naciones Unidas, habrá descendido a aproximadamente 121-136 millones. En este tiempo ha padecido una “fuga de cerebros” importante, no ha tenido éxito en la modernización de sus capacidades productivas, y tiene una influencia decreciente en los antiguos estados soviéticos. La clase media ha aumentado en gran medida – al igual que su libertad para leer (sobre todo en Internet), para viajar y discutir. El rechazo a los resultados de las elecciones parlamentarias de diciembre, cuya manipulación fue documentada por una ráfaga sorprendentemente enérgica de la prensa, fue muy perjudicial para el partido de Putin, Rusia Unida. Sin embargo, muchos temen que el puño de hierro no se afloje, y que Rusia se vuelva aún más cerrada, desconfiada, y sin libertad.

John Lloyd es editor de Financial Times y fue jefe de la oficina de Moscú desde 1991 hasta 1996. 

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Oficina en Madrid del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR en sus siglas en inglés), el primer think tank paneuropeo.

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