Firma invitada: François Godement*

La UE necesita capital externo para romper el círculo vicioso de austeridad pública y recesión económica. Las miradas están en China. Los europeos tienen aún la posibilidad de decidir el modo en que podría prestarse esta ayuda y cuál sería el precio de la dependencia.

China se ha revelado como un posible contribuyente para resolver la crisis del euro. En el Consejo Europeo del 24 de octubre, se decidió recurrir a este país y a otros emergentes para ampliar los recursos del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF). Su jefe, Klaus Regling, hizo una ronda de visitas a los posibles prestamistas y está informando de ello a los ministros de Economía de la zona euro. Pero la iniciativa ha hecho surgir dos debates opuestos: ¿necesitamos a China, y a qué precio para la independencia de Europa? Si la necesitamos, ¿estamos ofreciendo las condiciones adecuadas tanto a Pekín como a otros prestamistas externos?

Que Europa necesite o no a China u otros prestamistas depende del alcance de la propia unidad política de los europeos. Su considerable riqueza privada y una relación entre deuda pública y PIB por debajo de la de Estados Unidos, por no mencionar Japón, suponen que la Unión Europea debería ser capaz de cuidar de sí misma. Pero los mercados no solo se fijan en las reservas sino también en los movimientos; y el déficit, el crecimiento y los actuales índices contables señalan hacia abajo. A la falta de un proceso claro de toma de decisiones y de cohesión política, se suma el pesimismo actual. De todas las regiones económicas integradas del mundo, la UE es la más abierta a los bienes, las inversiones y la inmigración. Europa necesita capital externo para romper el círculo vicioso de austeridad pública y recesión económica.

También necesita un voto de confianza por parte de sus principales socios, y sobre todo de China, cuyo superávit comercial con la UE ha pasado de 55.000 millones de euros en el momento de introducirse la moneda común en 2002, hasta unos 160.000-180.000 millones de euros en 2011, lo cual constituye el desequilibrio comercial bilateral más grande del mundo.

Si Europa efectivamente necesita un préstamo de China y de otras economías emergentes con superávit, no parece que esté ofreciendo las condiciones adecuadas. Las críticas a la iniciativa del Consejo y la manera en que se ha ampliado el FEEF sacan a la luz varias cuestiones importantes. Primera, un fondo de reciente creación, registrado como entidad privada en Luxemburgo y con responsabilidad individual limitada por parte de sus patrocinadores europeos no equivale ni de lejos a una garantía soberana. El esquema de seguro apalancado ideado por los promotores de este plan tiene algunas deficiencias claves: el seguro solo cubre los primeros tramos del endeudamiento de un país. Nadie pone en cuestión que los Estados miembros europeos pueden devolver estos primeros tramos. Son los préstamos adicionales los que plantean dudas. Y a medida que los tipos de interés se disparan, como reflejo de un mayor riesgo para los prestamistas, la capacidad del FEEF para apalancar este seguro se reduce.

En última instancia, las naciones con mucha liquidez como China y otros países emergentes no buscan rendimientos altos en el mercado de capital actual. Con un tipo de interés del 25 por cien, los bonos griegos no encuentran compradores (mientras que Japón, con una relación deuda/PIB del 220 por cien, vende sus bonos a 10 años con un tipo de interés inferior al uno por cien). Esto se explica porque lo primero que buscan los inversores es seguridad. Finalmente, las circunstancias en las que se aprobó la iniciativa para ampliar el FEEF llevan, literalmente, a una negativa por parte de los prestamistas: el breve drama del referéndum griego puso de relieve sin pretenderlo la poca fiabilidad de las decisiones unánimes (incluso las más mínimas) del Consejo Europeo, la falta de compromisos sobre los préstamos por parte de las economías europeas más importantes y la incertidumbre sobre las soluciones para reinventar la zona euro.

Aunque Europa necesita préstamos externos y la señal de confianza que conllevan, es probable que la iniciativa de ampliación del FEEF solo aporte resultados limitados. Pronto se buscarán otras herramientas, lo que volverá a plantear la posible función de China así como la de otros prestamistas. Esto llevará a un agónico debate entre los europeos sobre la nueva dependencia de China (de una potencia emergente decididamente autoritaria). También habrá un debate en China. Por una parte, Pekín sabe que necesita apoyar a su mayor cliente, que absorbe el 23 por cien de sus exportaciones. Por otra, teme gastar inútilmente cada vez más dinero, con el riesgo político que supone para los dirigentes chinos jugarse sus reservas de divisas y la prima de riesgo del país.

El debate, sin embargo, no tiene por qué producirse de esta forma primitiva. Identificar las soluciones a corto plazo y quiénes contribuyen a la crisis de liquidez de la zona euro es como disparar a un blanco en movimiento. Es preciso tener en cuenta que podría producirse una revolución copernicana en el corazón de la zona euro, que desembocaría en una toma de control federalista de la política fiscal y presupuestaria en los países miembros. De manera inversa, podría producirse un fallo sistémico de los bancos y el crédito de Europa, que se propagaría a los mercados financieros mundiales. Estos dos escenarios proporcionarían telones de fondo muy diferentes ante una contribución por parte de China y otras economías con superávit.

El debate sobre la conveniencia de una solución china y la cuestión del “precio” chino deben analizarse en cada uno de los siguientes escenarios. En el mejor de los casos, habría un apetito por la deuda soberana europea. En el peor, el propio proyecto europeo se hundiría y generaría una indeseable dependencia de los prestamistas externos.

* François Godement es investigador senior en ECFR

Fragmento del artículo publicado en el número 145 de la revista Política Exterior titulado “¿Cuál es el precio de China para salvar el euro?“. Disponible en este enlace.

Acerca de El Blog de ECFR Madrid

Oficina en Madrid del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR en sus siglas en inglés), el primer think tank paneuropeo.

Un comentario »

  1. pablo benavides dice:

    Estoy de acuerdo con Godement en su análisis y en especial con su juicio de que buscar soluciones en estos momentos equivale a disparar a un objetivo en movimiento. Lo peor es que se dispara desde una posición que tambien se mueve. Acertar en el blanco se convierte en una operación circense. Por lo pronto habría que “adelantar mucho la mano” si se quiere no dejar siempre el tiro detrás … que es exactamente lo que está sucediendo todos los días. Las soluciones propuestas se quedan obsoletas y superadas por los hechos a poco de ser propuestas.
    Ni que decir tiene que esto se aplica con mayor motivo a España…..

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s