Por Cristina Casabón 

El secretario de Defensa de Estados Unidos, Leon Panetta, ha informado hoy que EE.UU. retirará dos brigadas de combate –entre 6.000 y 8.000 soldados de los alrededor de 81.000 que tiene desplegados en Europa-, en un marco de reducción del presupuesto de defensa y de reorientación de la estrategia hacia la región de Asia y el Pacífico. Esta decisión es también  un espejo del cambio de escenario que se ha venido produciendo, y un anuncio de la caída de la influencia europea en el mismo.

Desde la cumbre europea de Colonia, en junio de 1999, la Unión Europea ha desarrollado progresivamente una Política Europea de Seguridad y  Defensa (PESD) complementaria con la OTAN (que se estrenó en el contexto de la crisis de Yugoslavia con Javier Solana como Alto Representante).  El Tratado de Lisboa ha mantenido la mayoría de las cláusulas y disposiciones relativas a la PESC y la PESD, pero el escenario internacional ha cambiado, y ha llegado el momento de pensar en una defensa común europea al margen de la OTAN, y no sólo complementaria a ésta de cara a un futuro más inmediato, que permita una UE fuerte, capaz de defender su autonomía y sus intereses.

Para ello habrá que pasar por encima de las limitaciones del Protocolo sobre la Cooperación Estructurada Permanente (Cuarto protocolo), aprovechar las nuevas conexiones Consejo-Comisión a través de la Vicepresidencia de la Comisión que ejerce la Alta Representante, Catherine Ashton y trabajar en la denominada cooperación estructurada permanente (CEP), que podrán establecer “los Estados miembros que cumplan criterios más elevados de capacidades militares y que hayan suscrito compromisos más vinculantes en la materia para realizar las misiones más exigentes” y que supondrá una nueva etapa en la autonomía de la defensa europea.

La exministra de Defensa francesa, Michèle Alliot, escribía en febrero de 2010 en El País: “Hoy, el peligro de que Europa pierda importancia estratégica es una realidad. El paraguas estadounidense no es universal ni eterno, por lo que los europeos deben ser capaces de dotarse de sus propios medios para defender la paz y la seguridad dentro y fuera de sus fronteras.”

El Tratado de Lisboa sigue sin definir una política exterior europea ni, por lo tanto, una política de seguridad y defensa europea. No obstante, debemos seguir desarrollando la PCSD, así como las nuevas herramientas de Lisboa; y dado el momento, superar las limitaciones jurídicas del Tratado de Lisboa.

Una defensa propiamente europea es la mejor garantía de una íntegra autonomía y seguridad, y en el futuro nos permitiría adquirir mayores responsabilidades en un escenario internacional que se está tornando más complejo y en el cual, la región Asia-Pacífico juega un creciente poder  en detrimento del nuestro.

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Acerca de El Blog de ECFR Madrid

Oficina en Madrid del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR en sus siglas en inglés), el primer think tank paneuropeo.

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