Por Javier García Toni

La posibilidad de una intervención militar israelí contra Irán ha ido ganando enteros en los últimos días. El último informe sobre Irán del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) indica que el país ha logrado “dominar los pasos críticos necesarios para diseñar y construir un arma nuclear”, lo que ha disparado todas las alertas después de saber que Benjamín Netanyahu, primer ministro israelí, buscaba el apoyo del Parlamento para un posible bombardeo de las instalaciones atómicas iraníes, acción que contaría con el apoyo de Reino Unido y de Estados Unidos.

La edición española de la revista Foreign Policy publicó el pasado jueves 10 de noviembre un artículo titulado “Cinco razones para no atacar Irán“, firmado por Aaron David Miller, experto en políticas públicas en el Centro Internacional Woodrow Wilson y exnegociador de Estados Unidos en Oriente Medio. En el artículo, el autor expone cinco razones mediante las cuales desaconseja un ataque coordinado por Israel y Estados Unidos contra Irán:

  1. No existe un buen final: no hay ningún ataque que pueda conseguir desbaratar de forma permanente la capacidad iraní de producir material fisible y convertirlo en armamento nuclear. En el mejor de los casos, el ataque podría retrasar esta capacidad dos o tres años, fecha en la cual los iraníes podrían volver a impulsarlo con la legitimidad que les otorgaría el ataque de dos potencias extranjeras.
  2. Nadie puede impedir que Irán adquiera el arma nuclear salvo los propios iraníes. El hipotético ataque sería la mejor manera de unir a una población dividida en torno a un enemigo común y externo, reforzando el nacionalismo.
  3. El coste para Estados Unidos es enorme: el precio del crudo se dispararía, lastrando gravemente la recuperación mundial y haciendo un daño enorme a la ya maltrecha economía norteamericana. Por otro lado, pese a que la capacidad iraní de atacar el territorio estadounidense es limitada, podría llevar a cabo una temible guerra clandestina contra intereses estadounidenses e israelíes en todo Oriente Medio, una región ya de por sí inestable y conflictiva.
  4. Dará legitimidad a Irán en Oriente Medio: aunque las sanciones no puedan impedir que el país de los Ayatolás consiga el arma atómica, sí han conseguido aislarlo. Un ataque israelí podría echar por tierra toda esta labor. Pese a que algunos gobiernos árabes se muestran abiertamente favorables a la intervención, el pueblo lo consideraría otro ejemplo de agresión israelí y de doble rasero estadounidense.
  5. Si los israelíes atacan, Estados Unidos tendrá que intervenir obligatoriamente. Teherán consideraría evidente que el ataque ha sido coordinado por ambos, se cerraría la navegación por el estrecho de Ormuz y atacaría bases y embajadas norteamericanas. La credibilidad internacional de Washington, ya bajo mínimos, empeoraría aún más, teniendo en cuenta el tiempo que lleva enfangado en las guerras de Irak y Afganistán, guerras que por cierto ni está ganando ni es previsible que gane.

Pese a ello, el autor recomienda no trivializar las consecuencias de que Irán consiga el arma nuclear: “Si hubiera una posibilidad o expectativa razonable de que un ataque israelí pudiera acabar con la capacidad nuclear iraní, entonces sería posible defenderlo con argumentos más convincentes. Pero no es así. Y eso nos deja en una situación muy delicada, atrapados, por el momento, entre dos opciones igual de desagradables: una acción militar peligrosa y quizá catastrófica, o aprender a convivir con una bomba iraní que podría cambiar radicalmente el equilibrio de poder en Oriente Medio”.

Por otro lado, en caso de producirse, ¿qué consecuencias tendría el ataque?

También en Foreign Policy, pero en su edición americana, leemos un interesante artículo titulado “Ayatollah for a Day“, firmado por Karim Sadjadpour (investigador asociado en el Carnegie Endowment for International Peace), en el que se cuenta una simulación que se hizo en 2009 con dos docenas de antiguos oficiales del gobierno estadounidense y especialistas en Oriente Medio para debatir sobre las posibles consecuencias políticas a las que nos enfrentaríamos. La simulación tuvo lugar en the Brookings Institution. Al autor, presente en el experimento, le tocó el rol de líder supremo iraní: el Ayatolá Ali Jamenei.

Dicha simulación parte de la premisa de un ataque israelí por sorpresa -sin el conocimiento o la autorización de Estados Unidos- a las instalaciones nucleares iraníes por una ruptura de las negociaciones, la inefectividad de las sanciones o nuevas averiguaciones sobre la actividad secreta del gobierno iraní para lograr el arma nuclear. La situación es bastante parecida a lo que se debate estos días.

Pese a que, en principio, una intervención israelí causaría pocas bajas civiles, la primera reacción del gobierno de Ahmadineyad sería la de sacar imágenes de cientos de mártires, especialmente mujeres y niños, y la de llamar al líder de la oposición a cerrar filas con el gobierno para hacer frente al enemigo externo común. Con el pretexto de que Israel se habría servido del espacio aéreo saudí para el ataque, Irán también podría bombardear las instalaciones saudíes de sus provincias del este. Esto provocaría un encarecimiento del barril del petróleo, haciendo que la población europea y americana tenga que pagar mucho más por la gasolina y aumentando su irritación contra Israel por provocarlo.

También se atacaría Israel junto a Hezbolá, Hamás y la yihad islámica, creando tal clima de terror en Israel que su gobierno se lo pensará mejor antes de volver a intervenir en el exterior. Las acciones no se limitarían sólo a Oriente Medio: Irán atacaría también, dice el autor, las instalaciones europeas -civiles y militares- en Irak y Afganistán, además de activar células terroristas que atentaran contra la población europea. Sin embargo, agrega Sadjadpour, la provocación no se extendería hasta Estados Unidos, siguiendo la lógica del poder. En la simulación se contempla la posibilidad de que la Secretaría de Estado americana enviara una nota al gobierno iraní diciendo que EE UU no aprueba el ataque y que trataría de contener a Israel.

Dado que el experimento se planteó para las consecuencias inmediatas del ataque, no para los resultados a largo plazo, las conclusiones no pueden ser definitivas. El autor sostiene que los costes de un posible ataque israelí superan a los beneficios, pero los que pensaban los contrario tampoco cambiaron su forma de ver las cosas.

“La guerra rara vez conduce a buenos resultados”, concluye Sadjadpour citando a George Kennan, exembajador de Estados Unidos en la Unión Soviética.

Sígueme en Twitter: @JGToni

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Documentos de referencia:

MILLER, Aaron David: “Cinco razones para no atacar Irán“. Foreign Policy en Español. 10 de noviembre de 2011

SADJADPOUR, Karim: “Ayatollah for a Day“. Foreign Policy. 10 de noviembre de 2011

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  1. […] TONI, Javier: “¿Es la intervención militar israelí en Irán la mejor solución?“. El Blog de ECFR Madrid. 14 de noviembre de […]

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