Por el Blog de ECFR Madrid

El viernes 21 de octubre se celebró un debate en la Fundación Carlos de Amberes bajo el título de ‘Por una autonomía europea de seguridad y defensa‘. José Ignacio Torreblanca, director e investigador principal de ECFR Madrid, tuvo la oportunidad de ejercer como moderador. A continuación puede leer su intervención presentando el debate:

“Un buen debate, máxime cuando hay público, debe comenzar desde cero, sin dar nada por hecho. En el caso del debate de hoy, al que hemos sido convocados bajo el título de “Por una autonomía europea de seguridad y defensa”, creo que sería bueno que los dos primeros ponentes, el Prof. Kuzniar y el Ministro Serra, a los que luego pediré que se sumen el resto de los participantes en la mesa, comenzaran por explicar ¿por qué necesitamos una Europa de la defensa?, ¿por qué la necesitamos precisamente ahora y, especialmente, por qué necesitamos que sea autónoma de Estados Unidos y la OTAN?¸ que es lo que entiendo se esconde detrás de la idea de “autónoma”. Como es sabido, estamos en tiempos de crisis, y si las cosas van en alguna dirección es precisamente en la de recortar los gastos de defensa y atender otras necesidades (supuestamente) más importantes. Todo ello está abriendo, ha abierto ya, una inmensa brecha entra Europa y Estados Unidos. A un lado, el gasto europeo está situándose en el 1,67% del PIB, mientras que el estadounidense está en el 4.9%, estamos hablando de 392€ per capita frente a 1.622, de 200.000 mil millones frente a 500.000.

A primera vista, las principales amenazas que se ciernen hoy sobre los europeos son de carácter económico, y los riesgos que las estrategias de seguridad enumeran hoy en día tienen que ver más con la energía, el terrorismo, la inmigración o la criminalidad ¿Cuáles son pues los riesgos y amenazas concretos a los que debemos hacer frente y que justifican una identidad europea de defensa? ¿Es Rusia una amenaza? ¿Lo es Irán?  ¿Necesitan los europeos hoy en día 1.6 millones de soldados y un gasto en defensa de 200.000 millones de dólares, que supera al de China y Rusia combinados? Por tanto, el primer conjunto de preguntas se refiere al por qué, el para qué y el por qué ahora. 

Creo que en segundo lugar, sería también bueno que habláramos de dónde estamos. Desde la cumbre de St. Maló en 1998, existe la impresión de que los europeos han generado un increíble número de expectativas, a las que luego han dedicado un considerable esfuerzo en defraudar. En 2001 me encontraba en Malaisia, dando clase en un máster de relaciones internacionales repleto de militares asiáticos, y créanme que estaban sumamente impresionados por las promesas del Consejo Europeo de Helsinki en diciembre de 1999 de poner en marcha una fuerza de 60.000 soldados desplegables en 90 días y sostenible durante seis meses. Esa no era la Europa del poder blando de la que tantas veces hablamos. Posteriormente, rebajamos la retórica hasta los battlegroups, pero no parece que los battlegroups ni estén, ni se les espere, por ningún lado. Lo que en la práctica sí que hemos visto es que diez años de construcción institucional (con un Estado mayor, células de planeamiento y gestión de crisis) han dado lugar a un gran número (24) de pequeñas misiones en lugares remotos, la mayoría de ellas con un componente civil. Pero cuando ha llegado la hora de la verdad, y la hora de la verdad se llama Libia, todo el edificio europeo ha sido evacuado a petición alemana y hemos vuelto al principio, a la OTAN. Los esfuerzos de Polonia, nada sospechosa de anti-americanismo, por relanzar la PCSD son encomiables pero se han topado con el veto británico; los mecanismos de cooperación permanente estructurada previstos en el Tratado de Lisboa no se han aplicado y la agencia europea de defensa ha pasado a un segundo plano. Aquí también parece que hemos vuelto al principio, con Francia y el Reino Unido acordando bilateralmente sus recortes, en una especie de St.Maló II pero en dirección contraria, llevándonos a lo que algún observador avispado ha denominado la sustitución de la “entente cordial” por “la entente frugal”.

Vistos así, los recortes presupuestarios no son lo peor, sino la lógica nacional con la que se están practicando, absolutamente nacional y no coordinada. En un ámbito paralelo,  el del servicio de acción exterior (SEAE) también da la impresión de que las cuestiones de seguridad y defensa han pasado a un segundo plano: para muchos observadores, Lady Ashton y la cultura dominante en el SEAE, que es la de la comisión Europea, nos llevan de vuelta a una Europa que se concibe a sí misma como potencia civil, normativa, humanitaria o soft,  cuando pensábamos que, precisamente, el logro de Lisboa y la fusión de Comisión y Consejo en el SEAE iban precisamente destinadas a superar la distinción entre poder duro y blando. Por tanto, mi segunda pregunta a los ponentes es “¿dónde estamos y cómo hemos llegado hasta aquí”?  ¿Es Libia,  como se ha dicho, el fin de esa identidad europea?

El tercer grupo de preguntas se refiere a cómo salimos de aquí, cómo rompemos el impase actual. ¿Debemos esperar a que escampe la crisis? ¿O debemos aprovechar la crisis? La presidencia polaca es unánimemente considerada como la última oportunidad de hacer algo relevante ya que nadie confía en que los daneses y los chipriotas se vayan a tomar ningún interés en reforzar la identidad europea de defensa. ¿Es cierto? En España como en otros países, la crisis ha puesto de manifiesto hasta qué punto la política de compras de armamento está supeditada a la política industrial. No se sabe si tenemos una gran marina de guerra porque tenemos unos grandes astilleros navales o al revés: en cualquier caso, no parece muy evidente qué es lo que España quiere proyectar y dónde con su fuerza naval. Hay quienes están proponiendo una “Revisión de defensa europea” o “Libro Blanco”, que examine claramente las necesidades europeas y tome las decisiones necesarias. Esa es desde luego la propuesta del Grupo de Reflexión sobre el futuro de Europa liderado por Felipe González que incide en la falta de una “visión y cultura de seguridad estratégica”.  ¿Es este el camino? ¿Está la Estrategia Europea de Seguridad superada? ¿O simplemente necesita ser aplicada en sus consecuencias? ¿Debemos seguir avanzando a 27 o aceptar que la Europa de la defensa es cosa de dos, como mucho de cinco? ¿Polonia y España tienen posiciones similares en la periferia de ese núcleo franco-británico-alemán? ¿Qué es lo que pueden aportar? Por decirlo de alguna manera, da la impresión de que el paciente europeo está sobre-diagnosticado. No tenemos un déficit de conocimiento:  sabemos que gastamos poco y mal, que lo hacemos de forma asimétrica e ineficiente y que no hay un consenso político ni  un proceso ágil de toma decisiones a 27, tampoco con grupos de pioneros.  ¿Es un problema de voluntad política, o de construcción institucional? Dicen los cínicos que sólo hay dos tipos de problemas: los que el tiempo solucionará y los que el tiempo no solucionará, en ambos casos, la solución es el incrementalismo y los pequeños pasos. ¿Es esto cierto?”

Acerca de El Blog de ECFR Madrid

Oficina en Madrid del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR en sus siglas en inglés), el primer think tank paneuropeo.

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