Por Javier García Toni

Tender puentes con la sociedad civil, establecer vínculos sociales y, en definitiva, “desarrollar una asociación con las sociedades, no sólo con los Gobiernos” es una una de las acciones clave que la UE estableció en la última revisión de la Política Europea de Vecindad (PEV), con la vista puesta en los cambios al sur del Mediterráneo. Para ello, señalaba, “hay que apoyar decididamente a las organizaciones que se mueven entre la sociedad civil”. Este tipo de afirmaciones son recurrentes, y forman parte del lenguaje habitual bruselense. Ahora bien, el alcance real de tales pretensiones suele ser más que limitado.

A veces se tiene la oportunidad de ver cómo, en la medida de lo posible, se trata de de acercar la diplomacia a las personas y a la realidad de la gente. Algunos miembros de la Egyptian Democratic Academy (EDA) estuvieron en Madrid el 6 de julio en las oficinas de FRIDE, donde se encontraron con el expresidente del Gobierno español Felipe González. Bassem Samir, director ejecutivo de la EDA, al que se puede encontrar en Twitter; Ahmed Ghoniem, manager financiero y administrativo de la EDA y tuitero; o Esraa Abdel Fatah, directora de proyectos y también usuaria de Twitter, fueron algunos de los asistentes. Tal y como se señala en su web, la EDA pretende promocionar la democracia y los derechos humanos, la libertad de expresión y opinión, apoyar a las organizaciones juveniles y el uso de las nuevas tecnologías como herramientas de ‘advocacy’.

Egipto, se decía, se enfrenta a algunos problemas capitales, tales como la desorganización de los partidos políticos exceptuando a los religiosos. Estos, se advertía, podrían copar el Parlamento, con el consiguiente riesgo de teocratización del Estado o de destrucción de la propia democracia desde dentro.

Se señalaron dos puntos clave a la hora de definir la nueva Constitución: evitar que sea utilizada para acabar con la democracia y evitar que se repita de nuevo una presidencia vitalicia que ahogue el pluralismo político. Para eso, se comentó, Egipto debería recurrir a un régimen parlamentario y no presidencialista, limitar los periodos de mandato y dibujar un sistema electoral proporcional que pudiera cambiarse si el país resultara ingobernable.

Las islamistas son las únicas fuerzas organizadas. El resto de partidos no tienen penetración social, ni cuadros ni experiencia, con lo que existe un riesgo real de que lleguen al poder, como se temía en la reunión. Una Constitución que garantice los derechos y libertades de todos, que separe religión y Estado, garantizando que no se pueda llegar a la teocracia (haciendo, en ese sentido, un modelo más parecido a Turquía que a Irán) podría ser una manera de garantizar la supervivencia de la joven democracia egipcia, se afirmó.

La gran ventaja de los islamistas es que no piden nada a cambio de sus acciones, actúan movidos por su fe. La gente, se dijo, tiene más respeto por los políticos que no son mercenarios, los que viven por y para la política; y es por eso que ahí los partidos religiosos cuentan con una gran ventaja.

Toda una lección de construcción democrática que, esperemos, sea un éxito. Si el país árabe más importante, Egipto, se consolida como un espacio de democracia y libertad se allanará el camino para sus vecinos. Sea o no un exceso de optimismo, todas las posibilidades siguen abiertas. Y las oportunidades para Europa siguen siendo importantes.

Acerca de El Blog de ECFR Madrid

Oficina en Madrid del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR en sus siglas en inglés), el primer think tank paneuropeo.

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