Por Nika Prislan

El primer turno de la Presidencia rotativa del Consejo, ejercido por España, Bélgica y Hungría, ha tenido lugar entre enero de 2010 y junio de 2011. Esta ha sido la primera presidencia en trío (y España el primer país) que ha trabajado bajo el Tratado de Lisboa (cuya entrada en vigor se produjo en diciembre de 2009) y el nuevo diseño institucional.

La implantación de este nuevo diseño institucional, del cual forman parte la Alta Representante y el presidente permanente del Consejo Europeo, ha ocupado mucha de la energía y el tiempo del Trío, sólo por detrás de la crisis financiera y de la deuda soberana que viene sufriendo Europa desde principios de 2010. Además, a finales de la presidencia belga y durante toda la presidencia húngara, ha tenido lugar la primavera árabe. Un evento que ha cogido por sorpresa a toda la Unión y que deja al descubierto los problemas de ésta para desarrollar una política exterior común.

El reto crucial de España era intentar dirigir la UE bajo el nuevo diseño institucional, con grandes espacios de ambigüedad. España centró sus energías en el desarrollo del Servicio Europeo de Acción Exterior (SEAE), al mismo tiempo que intentaba lidiar con la crisis financiera. La Presidencia de Bélgica, que durante su mandato ha carecido de gobierno electo (todavía hoy sigue sin tenerlo), pasó desapercibida sin hacer demasiado ruido. Sin embargo, España logró uno de sus objetivo ya que al final de su Presidencia se votó la creación de la SEAE.

A la tercera presidencia, la húngara, la primavera árabe le cogió con la guardia baja, mostrando la irrelevancia que la Presidencia del Consejo de la UE empezaba a tener frente a los intereses nacionales de los Estados miembros y los nuevos cargos creados por el Tratado de Lisboa: la Alta Representante y un presidente permanente del Consejo. En conclusión, lo que el trío ha dejado claro es que la Presidencia ha empezado a tener menos efecto y poder dentro de la Unión, así como capacidad para dirigir la política exterior de la UE.

Sin embargo, a principio de este mes, Polonia asumió la presidencia del Consejo con grandes ambiciones con un deseo de devolver todo el brillo que acompañaba la Presidencia del Trío antes del Tratado de Lisboa. El programa de la Presidencia polaca tiene tres prioridades: ‘Integración europea como una fuente de crecimiento,’ una ‘Europa segura’ y ‘Europa beneficiada de su transparencia.’ Además, el programa da mucho énfasis a la política exterior de los Veintisiete; los polacos quieren dar prioridad a la Política de Vecindad con los países del este de Europa así como a los países del sur. Polonia cree que puede ayudar a través de su propia experiencia en transición democrática. La presidencia Polaca también quiere prestar atención a la seguridad energética e intentar resolver la dependencia de sus escasos proveedores extranjeros. La presidencia polaca claramente tiene metas altas pero tendrá que evitar caer en los mismos problemas de las presidencias anteriores.

Acerca de El Blog de ECFR Madrid

Oficina en Madrid del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR en sus siglas en inglés), el primer think tank paneuropeo.

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