Por Marisa Figueroa

Mientras Europa examina cómo debe tratar con la ola de revoluciones en su ribera sur, también necesita considerar las lecciones aprendidas de su participación en la vecindad oriental, donde la presencia considerable de la UE no se traduce en influencia real. En ese vecindario, a pesar de la ola de “revoluciones de colores” producidas en la última década, los gobernantes autoritarios están consolidando su presencia, desde Armenia hasta Azerbaiyán, desde Bielorrusia hasta Ucrania. En el último informe de ECFR Turning presence into power: lessons from the eastern neighbourhood, los investigadores Nicu Popescu y Andrew Wilson argumentan que los fracasos de la Política de Vecindad (ENP) ofrecen importantes lecciones que la UE necesita aprender.

Desde el lanzamiento de la Política de Vecindad en 2003 la UE se ha convertido en el mayor socio comercial de la mayoría de los países de la región, emprendiendo negociaciones sobre asociación y libre comercio, desplegando operaciones de gestión de crisis y ofreciendo facilidades y diálogos para los visados y la movilidad de personas.  Pero la UE no ha sido exitosa a la hora de convertir esta presencia en poder. En realidad, y considerando que la UE se ha involucrado más, su habilidad para influir en los desarrollos políticos de la región se ha estancado más que nunca. Con la excepción de Moldavia, todos los vecinos del este han ido, en los últimos años, en la mala dirección.

Detrás de este fracaso europeo los autores afirman que subyacen tres tendencias estructurales. Primero, se puede afirmar que en la región se extiende y consolida el autoritarismo; la región ha visto las sucesiones al estilo Putin y se mueve hacia los mandatos vitalicios. Solamente Moldavia es más democrática ahora que hace cinco años. Segundo, globalmente la emergencia de un mundo multipolar ha permitido a los países de la vecindad europea actuar y comprometerse bajo el juego de equilibrio de un Neo-Titoismo que enfrenta la UE a Rusia, Turquía e, incluso, China. Tercero, internamente la UE se ha distraído con la crisis financiera y las reformas institucionales. Su limitado compromiso con la ENP ha permitido que aquellos países vean a la UE como un actor irrelevante.

La UE debería continuar incrementando su propia visibilidad y capacidad de diálogo con las opiniones públicas, los intereses comerciales y las instituciones estatales de la vecindad. Sin embargo, no debería confiar sólo en su soft power. Los autores recomiendan:

  • Invertir en políticas de alta visibilidad y apoyo popular tales como liberalización del transporte aéreo, abrir el acceso a las aerolíneas de bajo coste y abaratar los costes para los estudiantes de la región que quieran estudiar en la UE a través de becas con estatus de estudiante residente.
  • Promover que las empresas de la UE en la región puedan, a través de las Cámaras de Comercio incidir en la reducción de la corrupción y la mejora de la situación económica.
  • Fortalecer las relaciones con instituciones gubernamentales como los ministerios del interior, de cara a mejorar el control de fronteras y el flujo de personas.
  • Construir una relación de condicionalidad con la vecindad oriental y comprometerse a avanzar cuando sea necesario. La UE debe, por ejemplo, ser estricta en las condiciones que demanda a cambio de liberalización de visados. Pero cuando un país cumple tales condiciones debería acelerar y promover las reformas.

 

Acerca de El Blog de ECFR Madrid

Oficina en Madrid del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR en sus siglas en inglés), el primer think tank paneuropeo.

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