Firma invitada: Jonas Parello-Plesner.

La muerte de Bin Laden ha sido noticia en el mundo entero, también en China. La primera reacción ha sido la de felicitarse. La portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores dijo que la muerte de Osama Bin Laden es un ‘hito y un paso positivo para el esfuerzo internacional en la lucha contra el terrorismo’. La cuestión es qué tipo de hito será para las relaciones sino-estadounidenses. Durante la década que transcurre entre 2001 y 2011, la cuestión del ascenso de China ha estado en la agenda, pero ha sido desplazado del ‘top’ de prioridades por otros asuntos como el terrorismo o las guerras de Irak y Afganistán. Volviendo la vista atrás, cuando George W. Bush aún era candidato a la presidencia por primera vez, se hablaba de China como un ‘competidor estratégico’. Ese discurso se evaporó el 11 de septiembre de 2001. China se convirtió en un aliado con su apoyo a la lucha contra el terrorismo. Esta inclusión tuvo sus costes. Occidente trastocó sus valores y el movimiento de resistencia local de Xinjiang pasó a ser un ‘movimiento terrorista’, tal como lo denominan las autoridades chinas.

Obama heredó la agenda sobre el terrorismo y las dos guerras de Bush, y aunque haya muchas voces que digan que la lucha contra el terrorismo está lejos de acabar, es innegable el cambio que supone la muerte del responsable público del 11-S; lo que da un impulso extra a Obama para retirarse de las dos guerras y comenzar a dar forma a una nueva estrategia. Y ya no le da más motivos para seguir haciendo concesiones a China en el contexto de la guerra contra el terrorismo.

Deberíamos habernos dado cuenta de ello ya en 2010, con la vuelta de Estados Unidos a Asia, donde va a tener lugar el juego estratégico real del siglo XXI. EE UU quiere estar plenamente comprometido con el ascenso chino y lo que éste supone en Asia, tanto en lo referente a comercio e inversiones como a alianzas y contingencias militares.

Para Europa, esto podría suponer un alejamiento del socio americano y el final de las ‘restricciones’ transatlánticas, además de poder ser tenida en cuenta como un elemento de negociaciones para EE UU en sus nuevos tratos con la emergente Asia. La manera insensible en la que EE UU presionó a Europa para que redujera sus votos en el FMI en el G-20 muestra cómo puede ser esta nueva configuración.

Sin embargo, también podría suponer un nuevo acercamiento entre las dos orillas del Atlántico en torno a los valores que la Primavera Árabe ha puesto sobre la mesa y de los cuales China aún está muy lejos. Esto forma parte de la preocupación que se observa en la blogosfera china. Así lo dice, por ejemplo, Wen Yunchao en su cuenta de Twitter: “Ahora que Bin Laden ha muerto hay una restricción menos. El mundo libre tiene ahora más poder para presionar a China en el asunto de los valores universales”.

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Acerca de El Blog de ECFR Madrid

Oficina en Madrid del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR en sus siglas en inglés), el primer think tank paneuropeo.

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