Por Javier García Toni

Brasil era el único de los BRIC que, en 2008, todavía no había firmado este tipo de acuerdo, asociación estratégica. La Unión ha señalado a Brasil como interlocutor principal en la región latinoamericana, diferenciándolo del resto de sus socios de MERCOSUR y, por supuesto, del resto de Estados sudamericanos.

Con los gobiernos de Cardoso y, sobre todo, de Lula, Brasil ha promovido la integración regional y ha mediado en algunos conflictos, como el caso venezolano-colombiano o el golpe de Estado en Honduras. La actual presidencia de Brasil, encabezada por Dilma Rousseff, abre una nueva oportunidad. El país se ha alejado de su aliado más polémico durante el mandato de Lula: el Irán de Ahmadineyad, una República teocrática donde los derechos humanos son ciencia ficción. Afortunadamente, Rousseff parece que quiere corregir esa tendencia, adoptando posiciones más cercanas a las europeas.

Brasil, hasta hace muy poco, se ha negado a asumir el papel que el resto de la comunidad internacional lleva tanto tiempo queriéndole dar, el de líder regional de Sudamérica. A raíz de las elecciones en Perú y el apoyo brasileño al triunfador de la primera vuelta, Ollanta Humala, algunas voces han apuntado a que Brasil puede estar empezando a jugar a ser potencia regional, ya que por primera vez se inmiscuye en los asuntos de otro Estado abiertamente.

Hay tres desafíos que en el futuro pueden presentarse como ventanas de oportunidad en esta asociación estratégica. A nivel bilateral, la convergencia en energías renovables puede ser vital para la UE. Brasil puede ser clave para cumplir la estrategia 20-20-20, dados los avances brasileños en el uso de biocombustibles. A nivel interregional, el acuerdo de libre comercio con MERCOSUR. A nivel global, por último, la cooperación al desarrollo en África (que tiene importancia estratégica para los dos) y el fomento de la democracia y los derechos humanos, aprovechando la presidencia de Rousseff, deberían ser importantes. Desde mi punto de vista, la relación estratégica UE – Brasil está muy condicionada por el desarrollo de las relaciones UE – MERCOSUR. De hecho, a la dimensión estratégica puede añadirse otra táctica, ya que puede ser un ‘instrumento de reserva’ si fracasan las negociaciones europeas con MERCOSUR. El proceso de negociación de la Unión con MERCOSUR lleva más de diez años sin concretarse. La UE, en consonancia con su planteamiento interregional de las relaciones exteriores ofreció apoyo al proceso de integración de los países del Cono Sur. MERCOSUR podía ser una especie de ‘alter ego’ europeo en Sudamérica, y cerrar un acuerdo de libre comercio sería un éxito rotundo. Sin embargo, la falta de sintonía política entre los dos actores, la defensa de los intereses agrícolas por parte de los europeos y la defensa de los intereses industriales por los brasileños han dificultado una negociación que ahora parece que vuelve a retormarse. El 23 de marzo de 2011 concluyó la cuarta ronda de negociaciones entre la UE y MERCOSUR, y se ha fijado para estos días la próxima negociación birregional.

El planteamiento de una asociación estratégica con Brasil por parte de la Comisión Europea tiene una doble intencionalidad. Por un lado, responde a lo expuesto anteriormente, es decir, a la relación de la Unión con un actor clave que forma parte de las denominadas ‘potencias emergentes’. Por otro lado, también puede ser usada como una herramienta de presión para que las negociaciones con MERCOSUR avancen. Desde mi punto de vista este punto no es solamente clave, sino que es el quid de la cuestión. La asociación estratégica tiene dos lecturas en este sentido. La primera es que con Brasil como aliado consolidado y reconocido, la negociación con MERCOSUR puede ser más manejable. No debe olvidarse que Brasil es el ‘alma’ de MERCOSUR, es el país más importante que lo integra y el que más peso tiene en la escena internacional. La segunda es el mensaje que se lanza al resto de países que conforman la unión aduanera del Cono Sur. Si no quieren quedarse atrás, viendo que Brasil ya ha firmado su asociación con Europa, tendrán que esforzarse en cerrar este acuerdo. En último caso, si la negociación birregional fracasara definitivamente, la asociación estratégica UE-Brasil sirve como ‘reserva’.

Acerca de El Blog de ECFR Madrid

Oficina en Madrid del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR en sus siglas en inglés), el primer think tank paneuropeo.

Un comentario »

  1. Carlos Malamud dice:

    Brasil no medió en el golpe de estado en Honduras, tomó partido por una de las partes y hasta ahora, tras la mediación (esta sí) de J.M. Santos, de Colombia, con Chávez, lo seguía haciendo. Fue BRasil quien vetó a Honduras en la Cumbre ALCUE de Madrid y también se opuso, con apoyo argentino, de la participación en la Iberoamericana de Mar del Plata.
    La visión sobre el futuro de Mercosur, Brasil y la UE es demasiado optimista.

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