Por Pablo Colomer.

La historia es vieja. En época de crisis, los oportunistas buscan ganar adeptos a su causa, cualquiera que sea esta, agitando al xenófobo que todos llevamos dentro. Es lo que se llama pescar en río revuelto. En el actual contexto europeo, dominado por una crisis económica severa, no es de extrañar el auge de un discurso populista, inflamado por un sentimiento excluyente y reaccionario. La temporada de pesca lleva tiempo abierta.

El populismo, corriente política caracterizada por su aversión (discursiva o real) a las élites económicas e intelectuales, su rechazo de los partidos tradicionales, su denuncia de la corrupción política por parte de las clases privilegiadas y su constante apelación al pueblo como fuente del poder, adopta en el seno de la Unión Europea un carácter euroescéptico. Así, algunos de los valores que conforman uno de los experimentos políticos más complejos y exitosos del último siglo, como la solidaridad y la igualdad, son dejados de lado para explotar los miedos de los ciudadanos en un entorno de crisis y desempleo.

El populismo tiene muchas caras en la Europade los Veintisiete. Uno de los últimos en irrumpir en escena han sido los Auténticos Finlandeses, partido político que obtuvo el 19% en las elecciones legislativas del país nórdico, basando su campaña en el rechazo a la inmigración y a las ayudas económicas a Portugal. Uno de los viejos conocidos, el Frente Nacional francés, obtuvo en las elecciones municipales de marzo un 11% de los votos. Su presidenta, Marine Le Pen, ya ha pedido que Francia salga de Schengen debido la crisis desatada por la decisión del gobierno francés de bloquear temporalmente el tráfico de trenes procedentes de Italia, cargados de inmigrantes norteafricanos, sobre todo tunecinos, arribados a las costas de la isla italiana de Lampedusa desde que estallaron las revueltas árabes.

No extraña el auge del populismo, dado el contexto crítico en el que se mueve Europa, pero no por esperado deja de preocupar. Las soluciones que proponen estos partidos populistas, según José Ignacio Torreblanca, director de la oficina de ECFR en Madrid, acelerarían el declive de Europa, en lugar de frenarlo. Opinión compartida por uno de los miembros españoles del Consejo de ECFR, Lluís Bassets. “Esta proliferación de auténticos va en dirección contraria a la unión de los europeos y a los valores que como europeos hemos defendido desde la Ilustración”, señala en su blog Del alfiler al elefante.

¿Cuáles son esos valores que hemos venido defendiendo durante siglos? La dignidad humana, la libertad, la democracia, la igualdad, el Estado de Derecho y el respeto de los derechos humanos son los valores fundamentales proclamados al comienzo del Tratado de Lisboa. A estos se añaden otros más específicos, como el fomento de la justicia y la protección social y la lucha contra la exclusión social y la discriminación. No está de más en estos tiempos turbulentos tener a mano para echarle una ojeada, de vez en cuando, la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea, un documento que tanto esfuerzo nos ha costado redactar. Merece la pena.

Acerca de El Blog de ECFR Madrid

Oficina en Madrid del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR en sus siglas en inglés), el primer think tank paneuropeo.

Un comentario »

  1. […] Ha producido, como vemos, un auténtico fracaso”. Este fracaso conduce peligrosamente a los populismos, agravado por la ausencia clamorosa de alternativa que ofrece la socialdemocracia, que se ha […]

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