Por Javier García Toni

Richard Youngs, director general de FRIDE, publica hoy en El País una tribuna titulada ‘Diez cosas a evitar en el norte de África‘, donde detalla una lista sumamente interesante que debería ser tenida en cuenta a la hora de plantearse qué hacer y qué no hacer en relación con la ola de revoluciones en el mundo árabe.

Los retos que plantea el futuro político de la región son, por un lado, ayudar a las poblaciones que ya han acabado con la dictadura y, por otro, ejercer presión sobre aquellos regímenes que ‘se muestran más aptos para eludir el cambio democrático antes de que sea demasiado tarde’. Youngs pone de manifiesto la lección que se debería haber sacado de Libia: ‘en vez de centrarse en cómo reaccionar, es mejor prevenir y apoyar la reforma política’.

¿Qué es, según el autor, lo que no se debería hacer en el norte de África?

  1. No crear expectativas que no se puedan cumplir, pensando en el Proceso de Barcelona.
  2. No apostar por grupos o individuos específicos, resistiendo la tentación de apoyar sólo a los individuos más carismáticos, moderados o prometedores.
  3. No fijarse sólo en las élites, es decir, no olvidar las normas institucionales subyacentes.
  4. No ignorar a los países donde todavía no se ha dado el cambio democrático, como Arabia Saudí o Siria.
  5. No caer en la trampa de la reforma a medias. Repartir subsidios con el fin de evitar protestas no es hacer una reforma.
  6. No ignorar los riesgos derivados de la captura del Estado, evitando que la esfera política vuelva a colonizar las instituciones del Estado.
  7. No militarizar la construcción de la democracia. Los militares pueden menoscabar la democracia.
  8. No agravar las dificultades que existen para organizar elecciones. No se tienen que aceptar comicios manipulados.
  9. No olvidar a los partidos políticos. Son el vínculo clave entre la organización cívica y el Estado.
  10. No confundir democratización con europeización. Exportar todo acquis communautaire no beneficiará necesariamente el proceso de democratización.

El autor concluye diciendo que lo que necesitan los activistas árabes es apoyo material, no lecciones, porque ‘ya saben cómo llevar a cabo una transición democrática’.

Desde la perspectiva de política exterior europea, complementa esta tribuna José Ignacio Torreblanca, director e investigador principal de la oficina de ECFR en Madrid, con su columna semanal titulada ‘Salvar a la soldado Ashton‘. El autor expone que Catherine Ashton ha recibido muchas críticas, unas más justas que otras. Los medios de comunicación le acusan de mantener un discreto segundo plano, y los Gobiernos de los Estados miembros le echan en cara su pasividad. Sus defensores alegan que tiene que hacer el trabajo que antes hacían tres personas además de ‘reinar sobre 27 egos nacionales’. El riesgo, dice, es que nuestra Alta Representante se quede ‘aislada tras las líneas enemigas’ después de lo ocurrido en Túnez, Egipto, Libia o Siria. Para poder culminar con éxito los tres años y medio que le quedan de mandato, hay que montar una ‘misión de rescate’ constituida, idealmente, por los ministros de Exteriores europeos. Sin embargo, y aquí llega la clave, el autor se pregunta si realmente están dispuestos a ello y si no son ellos, con sus actuaciones y omisiones, los principales responsables de la situación actual.

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Acerca de El Blog de ECFR Madrid

Oficina en Madrid del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR en sus siglas en inglés), el primer think tank paneuropeo.

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