Por Pablo Colomer

Una vez evitado el desastre en Bengasi, la pregunta inevitable es: ¿y ahora, qué? Leía el pasado 16 de marzo un artículo de nuestro experto en temas de defensa y seguridad, Nick Witney, acerca de la crisis en Libia, antes de que las potencias de la comunidad internacional acordasen, bajo el paraguas de una resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, intervenir en el país árabe. Witney se preguntaba por los resultados una vez salvada la rebelde Bengasi; porque salvar Bengasi es una cosa, pero derrocar a Gaddafi, otra muy distinta.

Según Witney, la mejor salida posible a esta crisis es un compromiso: un nuevo acuerdo político que resulte en un mayor peso y autonomía para el este del país y en una forma de gobierno menos opresiva para todos los libios. Este acuerdo implicaría, claro está, la salida de Gaddafi, que –explica Witney– debe llegar tras negociaciones entre los propios libios. El escenario recuerda al acuerdo alcanzado en Zimbabue para compartir el poder entre las diferentes facciones: un ejemplo no demasiado atractivo, pero sí al menos plausible.

Por el momento, Gaddafi sigue en el poder, mientras la comunidad internacional trabaja para organizar los próximos movimientos. Entre las claves de la misión, el papel que ha de jugar la OTAN. Estados Unidos prefiere dar un paso atrás y que la OTAN asuma el mando la intervención, algo que no termina de convencer a Francia, actor decisivo en todo el proceso, que apunta que los países árabes verían con malos ojos un protagonismo excesivo de la Alianza. Según París, la OTAN podrá asumir un papel de apoyo a la coalición, pero no ir más allá.

El nuevo Concepto Estratégico de la Alianza, lanzado en noviembre de 2010, sustituye al de 1999, fraguado en plena campaña de Kosovo. Desde entonces, el sistema internacional ha sufrido cambios significativos, entre ellos, la crisis del sistema de seguridad colectiva. La guerra de Irak expuso los límites de las instituciones internacionales a la hora de legitimar y encuadrar la acción internacional. La guerra de Afganistán, donde la OTAN no ha conseguido insertar su operación militar en un marco regional más amplio, los está agudizando.

En estos momentos, la crisis libia vuelve a sumir a la OTAN en discusiones internas que quizá reflejen el debilitamiento de los lazos de solidaridad entre los miembros de la organización, al tiempo que los países árabes inciden en su falta de legitimidad para llevar a cabo determinadas acciones.

Una vez más, la Alianza debe reinventarse a sí misma.

Documentos de interés:

“OTAN: crisis, guerra y otros desafíos”, por Antonio Ortiz. Política Exterior, número 140, noviembre-diciembre 2010.

“NATO self-cancelling summit”, por Nick Witney. ECFR, noviembre 2010.

“La Alianza Atlántica tras su cumbre en Lisboa: nuevo concepto, ¿nueva OTAN?”, por Félix Arteaga. Real Instituto Elcano, enero 2011.

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Un comentario »

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