Firma invitada: François Godement.

La creciente deuda pública occidental, y el acaparamiento por parte de China de reservas de divisas internacionales, están dando pie a un nuevo gran juego. Para cada nación endeudada, el objetivo es asegurarse un pedazo suficiente del Himalaya en reservas que posee China. Determinados errores han llevado a la necesidad de participar en este juego. Los planes de rescate de los bancos occidentales han provocado grandes pasivos y una necesidad de suministro monetario sin pausa. Este suministro no ha sido posible tanto por la impresión de billetes por parte de la Reserva Federal como por la llegada de reservas chinas, ya que la primera no podría bombear dinero al sistema sin la participación de la segunda.

Los errores políticos de la propia China también han contribuido a este gran juego. Los líderes chinos se han mostrado reacios a la creación de un mercado financiero doméstico, ya que esto rompería el control del Partido sobre la economía. Las reservas monetarias chinas deben por lo tanto fluir al exterior, no sea que la economía del país se recaliente.

Intentos para averiguar si China está financiando a Grecia, Portugal y España, o si está reduciendo su exposición a la deuda federal estadounidense, son cuestiones secundarias. La clave no está en saber dónde está colocando China sus fondos sobredimensionados, sino en constatar el hecho de que simplemente no tiene otra opción más que colocarlos en el exterior.

En cualquier caso, las cifras de los últimos cambios en la carpeta de inversiones chinas son triviales cuando se las compara con sus enormes y crecientes reservas de divisas. De hecho, cifras conjeturales e incompletas están circulando y siendo recicladas por analistas que se centran en la nueva diplomacia pública china, al tiempo que dejan fuera del escrutinio público tendencias más importantes.

Algunas verdades básicas deben ser restablecidas. La primera: los flujos hacia China han ido acelerándose: 395.000 millones entre julio y diciembre de 2010, un récord histórico. La segunda: la opacidad gobierna los flujos de capitales chinos; para ser justos, los beneficiarios públicos de dichos flujos también mantienen los labios sellados.

Las cifras estadounidenses nos cuentan asimismo una nueva verdad: en lugar de diversificar sus reservas de divisas, China está comprando aún mayores cantidades de deuda pública de Estados Unidos, cuyo presupuesto se asienta sobre esta financiación en un grado mayor que en el pasado. La transparencia del Tesoro estadounidense sirve para contrastar la veracidad de estas cifras. No se puede decir lo mismo acerca de la veracidad de las cifras sobre compra china de deuda pública europea, terreno para las adivinanzas en el mejor de los casos, para la especulación tóxica en el peor.

¿Quiénes son los beneficiarios de tal opacidad? Los bancos de inversión y los centros financieros, que actúan como intermediarios y reciben una comisión. China también se beneficia. Tras este velo de secretismo, Pekín tiene una visión clara de lo que realmente está pasando. ¿Quiénes son los perjudicados? Los emisores de deuda pública, europeos en este caso.

Este es un resumen del artículo publicado por François Godement en nuestra web (www.ecfr.eu). Para leer el artículo completo en inglés, haga clic aquí.

About these ads

Acerca de El Blog de ECFR Madrid

Oficina en Madrid del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR en sus siglas en inglés), el primer think tank paneuropeo.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s